No fue ni el tarifazo al gas, ni el peligro de que se caiga Chihuido. Tampoco el sostenimiento del barril criollo, que puede ser un verdadero peligro para la industria petrolera. Esta vez fueron los chanchos, específicamente el ingreso de esa carne sin hueso a la región, lo que hizo detener (al menos por unas horas) el tren de buena onda que hay entre el gobernador Omar Gutiérrez y Nación. Es que el tema parecía, a simple vista, algo menor. Pero fue todo lo contrario. La resolución del Senasa, que habilita el ingreso de carne porcina a la Patagonia abriendo la barrera sanitaria que hay en Río Colorado, revolucionó a los funcionarios neuquinos. Y Gutiérrez se puso a la cabeza del reclamo. “No va en línea con el diálogo y pedido de las provincias ni con las acciones que veníamos trabajando entre todos sobre esta temática”, disparó el gobernador, quien puso una sorpresiva distancia en sus palabras con el gobierno de Mauricio Macri. Neuquén hace tiempo que busca proteger su producción de porcinos y tiene pegado el discurso del desarrollo local como un lema que quiere realizar en los hechos. Así, ha defendido la barrera sanitaria y a los productores de feedlots neuquinos: ahora es el turno de los cerdos. Pero el problema es mucho más complejo. En la provincia, la carne está carísima. Comerse un asado ya es un lujo. Básicamente, y con un ejemplo regional, en Neuquén se trae carne vacuna sin hueso de La Pampa y se la vende a más del doble de su precio. ¿Hasta cuándo se puede sostener este esquema? El Gobierno, en este caso, parece decidido a no dar el brazo a torcer y resguardar su producción formal de carne porcina. Un razonamiento lógico, con precio ilógico.
El ingreso de carne de cerdo a Neuquén generó más ruido político con Nación que el propio tarifazo.


