El clima en Neuquén

icon
16° Temp
77% Hum
La Mañana

Los dilemas de la fruticultura

El Alto Valle aún es sinónimo de manzanas y peras. La producción frutícola representa para numerosas ciudades de Neuquén y Río Negro el motor de su economía y la generación de empleo. Sin embargo, el trabajo a pequeña escala, familiar y casi artesanal que caracterizó la vida chacarera durante décadas está en vías de extinción. Por eso, hasta es motivo de visitas turísticas en las que se muestra cómo se producía antes. Las grandes empresas que cultivan, procesan y exportan coparon el mercado y los pequeños productores se quedaron abajo de la mesa, acechados por una cadena productiva que no los necesita, o por el avance del petróleo y las urbanizaciones. Las zonas rurales ya no son exclusivas de los chacareros: conviven con barrios cerrados, empresas de servicios y, en algunas ciudades, hasta con yacimientos petroleros. Los que se quedan muestran más rebeldía y resistencia que esperanza por volver a ser protagonistas. A costa de los viejos chacareros, el negocio era redondo: la calidad de la fruta aseguraba ventas por miles de toneladas y el ingreso de millones, en dólares o pesos, tanto para las empresas como para los gobiernos, por retenciones. Así los productores comenzaron a desaparecer y, en el proceso, a denunciar las fallas del sistema: escasez de mercados, falta de transparencia y disparidad entre los costos y los ingresos. Todos juntos sacudieron el escenario y derivaron en la temporada más compleja de los últimos 30 años. Una advertencia para quienes viven de la producción: deberán actualizarse y luchar, como los chacareros que resisten, ante el avance de la economía petrolera, que le disputa interés estatal, recursos económicos y hasta la mano de obra, porque paga mejores salarios.