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La Mañana

Los mil días del arroyo Durán

En 1993, María Julia Alsogaray disparó una de las triquiñuelas más emblemáticas del menemismo: “En mil días limpiaremos el Riachuelo”. Ni el anuncio de su jefe, Carlos Menem, de licitar vuelos espaciales hasta la estratósfera, o el proyecto de construir una aeroísla en el Río de la Plata para mudar el Aeroparque Metropolitano, resisten un archivo tan desopilante. Los políticos de las últimas generaciones parecen sentirse cómodos haciendo demagogia con las cuestiones ambientales, pero el caso del Riachuelo supera cualquier estándar, al punto que ni siquiera la Corte Suprema de Justicia ha conseguido detener la sangría contaminante que se escurre por su cuenca.
El del Riachuelo bien podría ser el espejo en el cual debería empezar a mirarse Neuquén, si es que no quiere terminar peor, con un arroyo Durán cada vez más contaminado, lleno de efluentes y otras tantas inmundicias.
Los vecinos lanzaron ayer una alerta desesperada. Afirman que no tienen ya quién los escuche. No pueden abrir las ventanas para ventilar sus casas porque el hedor es insoportable y, para peor, los niños de los barrios aledaños tienen cada vez menos espacios disponibles para retozar sin sufrir el vaho que se desprende del arroyo.
En el lugar se han hecho operativos de limpieza, y tiempo atrás hasta mandaron unos buzos para que retiren la basura del lecho del arroyo. Sin embargo, han sido sólo parches. Cuentan los vecinos que hasta los patos han huido de esas aguas porque nada de lo que hay allí les resulta de provecho.
Seguramente sanear el arroyo Durán necesitaría mucho menos que los mil días de María Julia. Sólo haría falta que se tome, por fin, una decisión de Estado que hace rato se debería haber ejecutado.