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La Mañana

Los Padilla y la injusticia

“Nos sentimos impotentes”, “esperábamos una condena superior” y “encima quedan libres”  fueron las frases de la desazón de los hijos de Fernando Padilla, el empleado municipal asesinado en enero de 2014 por las viudas negras Eugenia Bella y Silvina Turra. Ambas fueron condenadas a 11 años de prisión efectiva pero permanecerán libres.
Sentarse a hablar con los Padilla es nutrirse de la visión que los ciudadanos de a pie tienen de la Justicia. Lamentablemente, su mirada hoy dista mucho de lo esperado: ayer cayeron en la cuenta de que “el nuevo Código nos toma el pelo”.
Ellos, al igual que cualquier ciudadano, esperan que a una persona que asesinó le dicten una condena y vaya tras las rejas. Bueno, para los Padilla, la legislación no corre en su favor y beneficia a las mujeres que mataron de ocho puñaladas a su padre.
La buena fe de los Padilla los enaltece. No quisieron llegar a un acuerdo de 14 años de condena porque “la vida de una persona no se acuerda. Llegamos a esta instancia porque decidimos confiar en la Justicia”, dijeron. Ellos y la Fiscalía esperaban más, pero les dieron 11 años y 6 meses.
Al menos estarán tras las rejas, pensaron. Pero no. No van presas por el crimen. Primero, porque tardan dos meses en revisar la pena y, después, en el caso de Eugenia Bella, porque al estar embarazada seguirá en libertad con restricciones, pero con una vida normal. Silvina Turra hoy podría volver a la cárcel, aunque por dos robos que cometió como motochorra, no por asesinar a Padilla. La Justicia, sobre todas las cosas, es una sensación: a los Padilla les arrebataron a su padre y se sienten impotentes y con un terrible sentimiento de injusticia. Vale preguntarse: ¿Para qué lado patean las leyes?