Los peligros de las compras 2.0

La posibilidad que nos da internet de acercarnos todo aquello que queremos tener es inversamente proporcional a la seguridad de que esa operación de compra salga bien. Es simple: por cada buen vendedor, hay decenas de ciberladrones a la espera de un inocente comprador sin experiencia que “pise el palito” y caiga en un cuento del tío 2.0.

Ofertas únicas, promociones increíbles y el poder tener esas cosas que no conseguimos acá, en el país, son algunas de las razones por las que caemos en la tentación de “salir de compras” en la web. Hasta acá todo bien: hay buenos precios, gran variedad y un mundo de tentaciones. Pero no todo lo que brilla es oro, y mucho menos en internet, donde sólo vemos lo que nos quieren mostrar.

La mayor cantidad de estafas que se registran en la web tienen un condimento en común: la ingenuidad. Pero no tomando el lado burlón del concepto, sino más bien su esencia inocente.

Porque todos tuvimos nuestro debut frente a una computadora, todos pagamos un impuesto por primera vez y todos dudamos (mucho o poco) a la hora de poner el número de la tarjeta de crédito en MercadoLibre o Dafiti, en nuestra primera compra.

Por lo general, lo peor no pasa por uno. Siempre hay un “vivo” que mediante un aviso engañoso, una mentira o una estafa se aprovecha de los compradores que, ingenuos, confían en que están haciendo un buen negocio.

Pero ojo, también están los que, ingenuos, creen que van a hacer el mejor negocio de su vida al comprar algo que en la calle cuesta el triple, sin sospechar que está por caer en la más vieja de las trampas de la web: la caja vacía.

Por eso siempre hay que averiguar la reputación del vendedor, consultar con otros compradores y hasta googlear para tener más referencias. Pero siempre (siempre) hay que recurrir al sentido común y saber que por más oferta que sea, nada vale en la web menos de la mitad que en la “vida real”.

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