Un grupo de trabajadores intenta desbancar a un dirigente gremial que encabeza el sindicato de transporte desde años y se resiste a cualquier cambio. El resultado: un conflicto interno con amenazas de paro que se suma a la crisis que desde hace tiempo viene golpeando a los miles de usuarios que tiene el servicio de colectivos en la ciudad de Neuquén.
Si algo le faltaba a la empresa concesionaria era una puja interna de poder para ver quién se queda con la representatividad gremial. Es lo único que le faltaba para completar un rompecabezas conflictivo en el que ya intervenían factores políticos, económicos y sociales.
Igual que ocurrió en Buenos Aires con la pelea entre el gremio ferroviario y referentes que responden a partidos de izquierda, en Neuquén la dirigencia aburguesada de la UTA se sorprendió con los aires de cambio que impulsa un grupo de delegados. Y si bien las diferencias eran conocidas, nunca habían salido a la luz con tanta claridad como ahora, en víspera de elecciones para renovar autoridades en el sindicato, un acontecimiento clave, ya que luego de 30 años de continuidad automática de la dirigencia habrá una verdadera puja para quedarse con la conducción el 11 y 12 de noviembre.
La cuestión no es la elección en sí misma. De hecho, la alternancia de poder es siempre saludable en la vida democrática, tanto política como gremial.
El verdadero problema es que en el medio de este enfrentamiento vuelven a quedar atrapados miles de personas que dependen del servicio para moverse por la ciudad.
Son muchos anónimos que no entienden de internas. Son, como tantas veces, los perjudicados de siempre.


