Los petroleros pierden orgullo

Para muchos no hubo sorpresas. Sólo se ensayó una sobreactuación un poco evidente: los petroleros aceptaron un 30% de aumento salarial en cuotas, como en muchos sindicatos del país. Sin privilegios, en este esquema de país donde todo se achica y no sobra nada. Querían estirarse a un 40%, pero no son tiempos de negociar bonos de 24 mil pesos, como en la era kirchnerista, sino de mantener los puestos de trabajo. Ese es el discurso que se baja desde el sindicato. A pesar de las bases, no pueden ocultar su descontento, a regañadientes. Los trabajadores querían más, pero esta vez no hay derrame. En los hechos, el segundo del sindicato, Ricardo Astrada, se animó a decir unas palabras más, un poco disonantes con las del mandamás petrolero, Guillermo Pereyra: “Es insuficiente, vamos a rechazar la resolución”, acotó el sindicalista. Pero ayer, el líder petrolero le bajó el tono a esa especulación que suena a más un ruido interno de cara a las elecciones sindicales que a una pulseada real por una mejora del salario. Es que ya no habla más de números, sino de achicar, al menos, la última cuota del acuerdo. Tal vez se adelante el 7% antes de fin de año y no a enero de 2017, y así generar un clima de victoria en un mes como diciembre donde los fantasmas de debacle social están en el imaginario de la Argentina desde 2001. Se sabe que Pereyra, el encargado de sentarse en la mesa chica, ya había dado el visto bueno al acuerdo. Su guiño al gobierno nacional (apoyó la campaña de Mauricio Macri) no le deja un gran margen de maniobra. Prefiere no agitar los mares y hacer olas que levanten un eventual tsunami para el resto del arco sindical. Así las cosas, el petrolero perdió ese orgullo, un eslogan que se construyó al calor de los sueldos en los buenos tiempos.

El cierre del 30% de suba salarial en cuotas es un golpe a la autoestima sindical. No hay margen de maniobra.

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