Malvinas obliga a pensarnos

Tenían menos de veinte años cuando los militares les pusieron un fusil en sus manos y los mandaron a las Islas Malvinas, que conocían por sus maestras, en un arrebato aventurero irresponsable para encauzar un gobierno desprestigiado, cuestionado y jaqueado en lo político, económico y social.

En esos días en que el fervor patriótico llevó a muchos argentinos a donar desde las joyas de la abuela hasta dinero y abrigos que nunca llegaron a destino, se fueron como "los chicos de la guerra" y cuando regresaron a la Argentina cubiertos por un manto de neblina, derrota y olvido fueron llamados "los locos de Malvinas".

La verdad, la memoria y la justicia también deben profundizarse en el caso de la guerra de Malvinas.

Habían dado la vida por la patria y regresaron con el horror vivido para encontrarse con la indiferencia de una sociedad que no se hacía cargo de su apoyo al dictador que, embriagado del fervor popular de una Plaza de Mayo repleta, lanzó el desafío: "Si quieren venir, que vengan; les presentaremos batalla". Un desafío que dejó 649 argentinos muertos y, con el correr de los años, 500 ex combatientes que se suicidaron.

A pesar de los 34 años que pasaron de aquella contienda bélica, aún nos siguen sorprendiendo los testimonios de quienes combatieron, que revelan la cotidianidad de la guerra, la experiencia de estar más cerca de la muerte que de la vida, las torturas y malos tratos que sufrieron por parte de sus superiores, que demuestran que no sólo lucharon contra los ingleses, sino también contra sus superiores, que tampoco estaban preparados para la guerra.

Acaso la verdad, la memoria y la justicia también deban profundizarse en el caso de Malvinas. Es la deuda que la sociedad tiene con los caídos y con los ex combatientes.

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