Desde que la calle Moritán no es más de doble mano, es alarmante la cantidad de conductores que circulan a contramano.
El primero es la poca presencia de inspectores de tránsito. Según se quejan los vecinos, sólo se los vio los primeros días y luego brillaron por su ausencia.
Como somos hijos del rigor, este escaso control lleva a que muchos automovilistas "desconozcan" la nueva reglamentación y manejen en contramano para ahorrar tiempo. El resultado: algunos choques y constantes enfrentamientos verbales entre los conductores.
Para evitar estas situaciones indeseadas hay dos recetas: la primera, que la comuna refuerce los controles en la calle para educar a los infractores, y la segunda, quizás la más importante, que el automovilista tome conciencia de que una maniobra en contramano conlleva el peligro latente de provocar una tragedia. Visto así, no parece tan difícil.


