MARX, LOS CLÁSICOS Y LA ACTUALIDAD
Carlos Marx fue uno de los economistas del siglo XIX de mayor influencia y, aunque parezca mentira, porque se trata de un pensador fallecido hace 129 años, sigue siéndolo en la actualidad. Permanentemente hay nuevas ediciones de sus libros y, especialmente en Europa, aparece en los listados de autores de no ficción más vendidos. El recientemente fallecido historiador británico, Eric Hobsbawm, (en su último libro publicado "Cómo cambiar el mundo", 2011) señala que, por una encuesta de la BBC y otros indicadores, resulta ser junto con Darwin y Einstein es uno de los intelectuales más influyentes de la actualidad, más que Adam Smith y Sigmund Freud. Recuerden que en el año 2008, cuando empezaba la actual crisis financiera, las cámaras de televisión de todo el mundo reprodujeron la imagen de un manifestante en pleno Wall Street con un cartel que decía, aproximadamente, así: “Al final, Marx tenía razón”. La sorprendente previsión de este autor sobre el desarrollo concentrado y globalizado del capitalismo y de las crisis económicas como inseparables del mismo, así como la crítica generalizada al actual sistema de producción y de propiedad, son las razones que explican el interés que hoy despierta su pensamiento.
Marx estudió economía como autodidacta y básicamente lo hizo de la obra de David Ricardo; su análisis parte de ahí, criticando aspectos, reelaborando conclusiones y avanzando en la comprensión de la realidad: no en vano había transcurrido aproximadamente medio siglo de evolución histórica entre ambas obras. Esto explica las coincidencias de método y del “núcleo duro” de los temas tratados, así como las diferencias entre ambos. Para que no queden dudas de la influencia de Ricardo se puede recurrir a la "Historia crítica de la teoría de la plusvalía de Marx", que publicara Kautsky después de la muerte del autor, que reúne las notas y comentarios que Marx escribía mientras estudiaba a los distintos autores, y que se convirtió en una historia del pensamiento económico de la primera mitad del siglo XIX. El 44% del texto está dedicado a Ricardo (432 páginas sobre 981 totales de los dos tomos, incluyendo introducción, índices, etc., de la edición de Cartago, 1956).
Funcionamiento social
Entre las principales coincidencias, hay que señalar, primero, que para ambos la economía debe explicar el funcionamiento social, es decir, cómo se producen los bienes finales y los insumos para continuar la producción en forma continua, produciendo bienes y, al mismo tiempo, reproduciéndose a sí mismo como sistema, asegurándose su permanencia en el tiempo; es lo que se denomina el carácter circular de la economía. En segundo lugar, está la importancia que se le da a la distribución del producto y, por lo tanto, al papel que juegan los intereses de las distintas clases sociales. Finalmente, y es fundamental, la aceptación del la concepción del valor-trabajo, que “es la gran significación histórica de Ricardo para nuestra ciencia”, según escribió Marx en "Historia crítica de la plusvalía".
Hay otra coincidencia importante, que es el método. Ambos autores, y todos los economistas clásicos, usaban lo que podríamos llamar abstracto-deductivo: se parte de la realidad, se buscan los elementos y relaciones esenciales y se abstrae, es decir, se suspende, se pone entre paréntesis, todo lo demás: “En el análisis de las formas económicas ni el microscopio ni los reactivos químicos son útiles. La fuerza de la abstracción debe reemplazar a uno y a otros”, escribe Marx en el Prefacio de "El capital". Luego se va bajando el nivel de abstracción, de forma tal que, mediante aproximaciones sucesivas, paso a paso, se va tomando en cuenta cada vez mayor cantidad de fenómenos reales. Lógicamente, siempre chequeando los resultados con la realidad.
En una Introducción a la "Crítica de la Economía Política" que escribió en 1857, que permaneció inédita y Kautsky publicó en 1903, Marx sostiene que la abstracción es necesaria para evitar una representación caótica del conjunto y que permite, en un momento posterior, llegar a una reconstrucción de la realidad concreta.
Pero también las diferencias son importantes. En el último trabajo citado, Marx señala que la abstracción debe estar referida a las características de cada situación histórica; es decir, subraya el carácter histórico del método de producción capitalista y esto le permite criticar a Adam Smith y Ricardo, quienes a esas determinaciones históricas le asignaron un carácter natural y eterno. Otra diferencia importante corresponde al papel del progreso técnico; para Smith y Ricardo, a fines del siglo XVIII y comienzo del XIX, la revolución industrial aparecía como una anomalía que interrumpía un curso histórico de crecimiento casi nulo, de forma tal que suponían que el estancamiento volvería a aparecer en cualquier momento. Cincuenta años más tarde se podía apreciar el cambio cualitativo que significó la llegada del capitalismo industrial y, entonces, Marx desarrolló el primer modelo que lo explica y muestra cómo el progreso técnico, la revolución permanente de los medios de producción y el crecimiento explosivo de los bienes producidos son inherente al sistema, lo mismo que la crisis periódicas que lo acompañan cíclicamente.
Diferencias
Hay muchas otras diferencias como, por ejemplo, la teoría del salario, que en Ricardo está asociada a la teoría de la población de Malthus y al nivel de subsistencia biológica, mientras que para Marx ese nivel está determinado social e históricamente.
También hay que tener en cuenta que Marx no fue sólo economista, sino que intentó una interpretación del mundo en su conjunto, como una totalidad que es, simultáneamente, histórica, política, económica, científica y filosófica; es una visión unitaria y no una simple interdisciplinaridad.
Como suele ocurrir con todos los grandes pensadores de la historia, su obra admite más de una lectura, muchas veces antagónicas. Inclusive ha habido interpretaciones cuasi religiosas que han discutido airadamente por la posesión de “la verdad”. Galbraith, irónicamente, decía: “Ha sido reconocido el derecho de cada estudioso marxista de leer en Marx el significado particular que él prefiere y tratar a todos los demás con indignación”.
Habría que recordar que, según contó el propio Federico Engels –su alter ego– en una carta de 1890, Marx maduro sostuvo: “Por lo que a mi respecta, yo no soy marxista”. En realidad hoy, después de la implosión soviética y del fracaso de la social-democracia europea, nadie puede autoasignarse el carácter de poseedor de la verdadera interpretación y se abre un amplio campo para la reflexión, discusión y profundización de sus investigaciones e ideas.


