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Más de 25 mil familias viven sin gas

En la provincia, unas 100 mil personas no cuentan con el servicio a través de la red. En el mejor de los casos se apela a garrafas con mecheros. Por el peligro que implica, sólo 2 mil hogares usan leña.

Por ANA LAURA CALDUCCI

Datos del último censo revelan que cada siete hogares hay uno sin el servicio.
 
Neuquén >
Para muchos, bañarse con agua caliente implica sólo abrir una canilla, pero para unos 100 mil neuquinos el acceso a la calefacción es bastante más complicado. Pese a que la provincia produce la mitad del gas que abriga a las casas del país, una de cada siete familias de su territorio soporta temperaturas bajo cero sin ese suministro en su hogar.
La falta de gas de red tiene un vínculo directo con la pobreza. El censo 2010 confirmó esa relación: en las viviendas neuquinas clasificadas como “casilla”, la carencia de este servicio supera el 90 por ciento y una proporción similar se da entre las casas tipo “rancho”.
Las estadísticas develan también que en la capital provincial y alrededores el acceso a la conexión de gas está condicionado mayormente por el alto precio y la falta de papeles en regla. En las localidades del interior, en tanto, el motivo principal son las distancias.
Marcela Fernández, con sus dos hijos, integra una de las familias neuquinas para las que el invierno es más crudo. Desde hace ocho años, cuando se mudó al sector Almafuerte II, vive juntando monedas en una lata para no quedarse sin la garrafa, pese a que un gasoducto pasa a cinco metros de su casa.
Llegó a la ciudad en 2003 desde San Martín de los Andes, huyendo de una situación de violencia familiar. “Durante mucho tiempo con mis hijos alquilé para que no vivieran así, pero ya no me queda otra; hoy lavo sólo con agua fría. Calentarla es un lujo porque no puedo desperdiciar gas. Para mí vale oro”, describió.
Su casilla es uno de los 25 mil hogares neuquinos sin gas de red, tal como confirmó el último censo nacional. Con la llegada del frío, la calefacción proviene de las hornallas. El calor se genera al quemar el contenido de una garrafa de 10 kilos, que debe reponer día por medio a un costo de 22 pesos. “Cuando no te las venden con agua o con arena, para que pese más, porque ahí no se puede usar”, aclara.
El bono de gas social no alcanza, afirma. En el oeste de la ciudad, el reparto se realiza una vez cada quince días, se entrega por orden de llegada y se agota entre los más madrugadores.
 
Opciones peligrosas
La calefacción a leña se usa sólo en 2 mil hogares de toda la provincia por el peligro que representa para las casas más precarias. La relación con la garrafa es de uno a 10. 
Mariana Flores, vecina del mismo sector, relató que otra alternativa para vencer el frío es la estufa eléctrica, “aunque ahí te quedás sin heladera, porque compartimos el cable entre varios y es enchufar una cosa para desenchufar otra”.
Ella vive junto a su marido y su hija de cinco años en otra casilla precaria. El cambio respecto de la vivienda paternal fue drástico. Según cuenta, “fue una diferencia total porque tengo que calentar agua para bañarme en un fuentón y allá tenía ducha; después, ahí tenía también todo el tiempo el calefactor prendido”.
“Ahora, en la casa, dejamos el caloventor toda la noche, pero estás mirando que no se recaliente el cable; entonces, dormís preocupado. El año pasado, nos pasó que se quemó la parte del enchufe y empezó a largar humo en la noche”, narró. Durante la época de clases envía a su nena al jardín “para que esté calentita, porque el invierno pasado se la pasó enferma”, según indicó.
En el otro extremo de la ciudad, Alberto Ramírez padece la misma situación en su casa de la toma La Familia junto a su hijo de siete años. En su caso, como varias viviendas del sector son de material, puede calentarse con leña sin temor a una tragedia. De todos modos, muchos de sus vecinos recurren a la hornalla o a la frazada: “Las madres con nenes chiquitos los acuestan en el día y evitan así tener todo el tiempo prendidas las cosas”.
 
Más caro
Pese a los inconvenientes, todos pagan la calefacción más cara que en una vivienda con red. Como explica Marcela, “el gasto de la garrafa en estos meses es un presupuesto; así como en otras casas tienen que tener en cuenta un alquiler y otras cosas, nosotros sabemos que en el invierno tenemos que juntar todas las monedas que podamos para no pasar frío”.
La comparación de Marcela está bien fundada: una factura promedio de una vivienda conectada a la red de gas puede representar en Neuquén un gasto de entre 15 y 25 pesos en invierno, con hasta dos calefactores encendidos y a un precio subsidiado por el gobierno nacional. Ese es prácticamente el costo cada dos días para quien tiene que comprar la garrafa.