Mucho más que dos productos

Si han pasado las 8 de la mañana, ya estás a salvo. La veda te protege...

La propaganda ha sido tan feroz que el packaging, que no es otra cosa que el envase, se ha vuelto una distracción riesgosa para los argentinos. De pronto, el amarillo y el cambio o el naranja y lo previsible se convirtieron en el simbolismo más poderoso de dos modelos de país en pugna, con todo lo que eso representa.

El marketing político nos ha encerrado a todos, como sociedad, en esa lógica absolutamente comercial en la que cada uno de los votantes se convierte en una especie de consumidor mediante un razonamiento que prescinde del derecho ciudadano de elegir a representantes en el sano ejercicio de la democracia.

Algo no anda bien si las ideas del país soñado entran en los 140 caracteres de un tuit o un videíto de 15 segundos.

La maquinaria a disposición de ese afán por captar, retener y fidelizar a cada argentino como si se tratara de un cliente, llevó a los dos aspirantes a la presidencia a una carrera –camino al ballotage del domingo– sin profundidad de ideas y sin debates reales. Las chicanas aparecieron como esos rincones con ofertas que no son tales en los supermercados. Pero algo no anda bien si las ideas del país soñado entran en los 140 caracteres de un tuit o un videíto de 15 segundos que se viraliza hasta el infinito en Facebook o Youtube.

¡Al fin un poco de silencio! De pronto cesa el bombardeo marquetinero de la campaña electoral y se abre un espacio para la reflexión y la discusión más íntima, con amigos, con familiares o con compañeros de trabajo. El dilema Daniel Scioli o Mauricio Macri ha quedado planteado por una serie de slogans que resumen brutalmente todo lo que son capaces de mostrar en tiempos de coqueteo. Entregar un voto de confianza es suscribir a un proyecto, como si se firmara un contrato a futuro. Nuestro futuro. Por eso, en cualquier caso, sería bueno echar un vistazo a la letra chica.

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