Desde este espacio, el estimado colega y jefe de redacción del diario, Daniel Capalbo, replicó, con fina ironía, una concepción varias veces esbozada pero no por eso menos sorprendente, que intenta asociar el kirchnerismo con los modelos totalitarios. Utilizó para ello, al igual que lo hizo esta semana la usina de medios hegemónicos escritos y audiovisuales, la designación del filósofo Ricardo Forster como secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional.
Lo interesante (o preocupante) es que la crítica que se le hace a Forster parte de trazar una analogía entre el propósito de su nombramiento y las metodologías del nazismo y el stalinismo.
El pensamiento nacional en Argentina no es otra cosa que un hilo conductor que va de Yrigoyen a Perón, pasando por Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche o Juan José Hernández Arregui. Es una idea de nación anticolonialista, soberana y no tan alejada de la izquierda. ¿Qué tiene que ver esto con un sistema totalitario? Poco y nada.
Como bien cita Capalbo, Forster y otros intelectuales adhirieron en su momento a la Escuela de Frankfurt, donde estudiaron a Marx y a Hegel. Sin embargo, no debe pasarse por alto que un importante sector de esa línea ideológica se sumó al peronismo en los 70 y muchos de quienes lo heredaron hoy están contenidos en el kirchnerismo.
Como lo refleja la prestigiosa investigadora y periodista canadiense Naomi Klein en su libro sobre la Escuela de Chicago denominado La doctrina del shock (2007), en estos tiempos el enemigo del capitalismo salvaje ya no es el comunismo, sino quienes vienen a ponerle un límite a sus atrocidades. En eso anda el pensamiento nacional.


