Que una mala maniobra de tránsito pueda derivar en un accidente es parte de los riesgos de manejar. Pero que no habiendo ocurrido un choque, la maniobra pase de una discusión a una persecución y un hombre apuñalado, esto rompe con algunas cuestiones razonables.
Lo que ocurrió en Cutral Co la madrugada de ayer es otro pequeño paso en la instalación de formas de convivencia sumamente violentas, en las que el otro -y la vida del otro- no importan en lo más mínimo. Cualquier motivo, por irrisorio que sea, parece dar pie para responder de la forma más atroz. En esta suerte de sociedad de la furia portar armas, llevar cuchillos, un palo o una tumbera parece ser lo normal, y es esa naturalización de la violencia lo que preocupa y debería ocupar más a las autoridades.
A principios de año, con los primeros crímenes y accidentes fatales, un oficial de la Policía decía bajo reserva: “Estamos en una sociedad violenta, por lo que esto no sorprende”. A esta triste pero certera frase ahora se suma una fuente judicial que -tras la brutal resolución del incidente de tránsito en Cutral Co- asegura: “Esto es cada vez más común”.
Y como sin querer otro oficial de rango comentaba ayer: “Hay mucha violencia en la provincia, por suerte solo se difunde menos del 10 por ciento de las cosas que pasan”.
Hechos y voces dan cuenta de que esto no se trata de un enfoque periodístico, sino de una realidad que parecer sumergirnos en una espiral de violencia que crece día a día, sin prisa pero sin pausa.
Lo irónico en esta provincia, que promete crecimiento, es que a la Vaca Muerta cada vez se le suman más personas muertas.


