Así, las cosas en Neuquén. La seguridad, o mejor dicho su ausencia, atraviesa nuestras vidas y cada día lo vemos reflejado en los relatos de vecinos e instituciones que trabajan para garantizar salud, educación, contención y hasta seguridad. Vaya contradicción.
Ayer reflejamos en LM Neuquén que los inspectores municipales que combaten la venta clandestina de alcohol saldrán a cumplir su labor con chalecos antibalas porque ingresan en barrios bravos donde la vida cotiza en baja y su tarea afecta negocios que están al margen de la ley.
A su vez, los profesionales del Sistema Integral de Emergencias de Neuquén (SIEN) han concurrido a rescatar vidas humanas a riesgo de lo que les pudiera pasar a ellos. Esto los hizo caer en la cuenta de que así no se puede ayudar y lanzaron un ultimátum: “Sí o sí vamos con la Policía a cualquier incidente si no, no se va”, dijo la titular del servicio Luciana Ortiz Luna.A la lista se suman los choferes de colectivos que en su tránsito por los barrios complejos suelen vivir situaciones extremas. Pero no son los únicos, porque los taxistas también padecen el accionar de una violencia que no para de crecer.
Incluso, la propia Policía es parte de los relatos salvajes de esta bendita Neuquén.
En esta ciudad desencajada parece que nada ni nadie está a salvo y somos todos potenciales víctimas. En esta tierra de promesas conviven la exclusión social y el crecimiento que trae aparejado la actividad petrolera. Es en estos extremos en los que se hamaca la vida cotidiana, donde el Estado está obligado a encontrar puntos de equilibrio para garantizar una convivencia un poco más pacífica.


