Neuquén sueña con Dinamarca

A Horacio “Pechi” Quiroga lo desvela hace años un sueño recurrente: ver a Neuquén como una ciudad multitécnica y global. A pesar de los fuertes contrastes y de las pérdidas de agua y cloacas (con las culpas repartidas entre el Municipio y el EPAS), el jefe comunal insiste en posicionar a la capital neuquina como una ciudad de servicios, arquitectónica y sustentable, como la capital de un conglomerado de inversiones y consumo del Alto Valle y la Patagonia. La implementación del Metrobús y los 50 ecocolectivos (serán eléctricos) como prueba piloto en Buenos Aires y Neuquén es sólo una señal de querer subirse a una ola moderna que ya no es noticia en otros países. Pero en Neuquén hay claramente dos ciudades, como en muchas de Latinoamérica: el centro urbano y financiero, con sus múltiples espacios de recreación al filo de lo privado (como el Paseo de la Costa), las construcciones hacia el cielo y las tomas irregulares donde predomina el far west; y la ley del más fuerte, que es la contracara de ese dulce dueño primermundista. En el medio de esta discusión técnica y estadista, está la lucha electoral entre el quiroguismo-PRO y el MPN, que quiere, después de 16 años, recuperar una ciudad que cuando la perdió, en 1999, el asfalto apenas llegaba a un puñado de barrios. En estos años habrá muchos cambios técnicos a nivel mundial. Se debate el compromiso de reducción de las emisiones de dióxido de carbono en la mayoría de las capitales y acá, en esta región colgada del mapa, apenas avanzamos con cambios, en medio de la pobreza. Mientras tanto, Neuquén sueña, algún día, ser como Dinamarca . Mientras tanto, sortea sus pesadillas diarias.

Ecocolectivos: una iniciativa que posiciona a la ciudad con marcados contrastes sociales en el centro y los barrios.

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