Aunque en la provincia no hay circulación del virus, Salud reforzó la vigilancia y pidió extremar cuidados para evitar criaderos dentro de los hogares.
La detección de una segunda ovitrampa positiva de Aedes aegypti en Neuquén volvió a poner en agenda la preocupación por el dengue. El hallazgo se dio en el barrio Mariano Moreno y se suma al primer registro de esta temporada, que había sido confirmado antes de Navidad en Villa Farrell. Desde el ministerio de Salud provincial insisten en llevar tranquilidad: en Neuquén no hay circulación del virus del dengue, pero sí está presente el mosquito vector, lo que obliga a extremar cuidados y reforzar la prevención.
“Esta es la cuarta temporada en la que detectamos al mosquito Aedes aegypti durante el verano en la ciudad de Neuquén. Antes no lo teníamos, por lo tanto no existía el riesgo de dengue autóctono”, explicó Irene Roccia, directora de Salud Ambiental y Cambio Climático de la provincia y referente del laboratorio de zoonosis y vectores.
La presencia del mosquito no implica automáticamente que haya casos de dengue. La diferencia es clave para entender el escenario actual: Neuquén tiene mosquito, pero no tiene virus. Hasta el momento, todos los casos registrados en la provincia fueron importados, es decir, personas que contrajeron la enfermedad en otras provincias o países donde el dengue circula activamente.
Las detecciones en Villa Farrell y Mariano Moreno surgieron a partir del sistema de vigilancia entomológica que el ministerio de Salud sostiene desde hace varias temporadas. El dispositivo clave son las ovitrampas: recipientes plásticos negros que se colocan en distintos puntos de la ciudad para detectar la presencia de huevos del mosquito.
“Son frascos de plástico pintados de negro, con un papel adherido en su interior y agua macerada con pasto, que genera un olor atractivo para la hembra del mosquito”, detalló Roccia. El Aedes aegypti deposita sus huevos en la pared interna del recipiente, justo al nivel del agua. No lo hace en ríos, lagunas ni cursos de agua naturales, sino en recipientes artificiales, dentro o fuera de las viviendas.
Cuando una ovitrampa da positiva, se activa un protocolo inmediato: equipos de salud recorren un radio de 100 metros a la redonda, que es el alcance promedio de vuelo del mosquito, para informar casa por casa a los vecinos y detectar posibles criaderos.
“Nosotros vemos los huevos y sabemos que el mosquito está activo en ese lugar. Entonces el trabajo es informar y ayudar a eliminar los criaderos, que casi siempre están dentro de los domicilios”, remarcó la funcionaria.
Por qué el mosquito se expande en la ciudad
Aunque en un principio se pensó que la cercanía al río podía explicar la presencia del mosquito, las detecciones en barrios secos y áridos, como Progreso, descartaron esa hipótesis. Según Roccia, influyen dos factores centrales: el cambio climático, con temperaturas más altas y condiciones ambientales diferentes, y la capacidad de adaptación del mosquito, que logra sobrevivir en contextos impensados años atrás.
El crecimiento de la población del mosquito es progresivo durante el verano. “Empieza con pocos ejemplares y, hacia marzo o abril, suele expandirse a más barrios, como ocurrió la temporada pasada en Confluencia y Z1”, recordó.
Uno de los puntos más reiterados por Salud Ambiental es que el mosquito se cría en los hogares. Baldes, botellas, bebederos de mascotas, portamacetas, plantas en agua y piletas de lona abandonadas son algunos de los criaderos más frecuentes.
“Muchas veces encontramos criaderos dentro de las casas, en plantas que la gente pone a enraizar en agua. Si uno mira con atención, se ven unos gusanitos que nadan: esas son las larvas del mosquito”, explicó Roccia.
Las piletas de lona merecen un capítulo aparte. Mientras se mantienen limpias y cloradas no representan un riesgo, pero cuando se usan algunos días y luego se abandonan con agua estancada, se transforman en criaderos ideales. Lo mismo ocurre con las cubiertas en desuso, especialmente cuando están apiladas y juntan agua de lluvia.
“El ciclo del mosquito puede completarse en unos 10 días, pero con mucho calor ese tiempo se acorta. En una semana, desde los huevos, ya puede haber mosquitos adultos”, advirtió.
Por qué no alcanza con fumigar
Desde Salud remarcan que los insecticidas solo actúan sobre el mosquito adulto en el momento de la aplicación. No eliminan huevos ni larvas, por lo que el efecto es breve. La fumigación solo se justifica en situaciones de brote, para bajar rápidamente la población, pero no resuelve el problema de fondo.
“La única forma efectiva de prevenir es eliminar el agua estancada”, insistió Roccia. Cambiar el agua de los bebederos todos los días, cepillar los bordes de los recipientes, dar vuelta botellas y tachos, vaciar portamacetas y revisar patios y balcones son acciones simples que marcan la diferencia.
El riesgo de casos autóctonos aparece si una persona infectada en otra provincia o país regresa a Neuquén durante el período en el que tiene el virus circulando en sangre. Si un mosquito local la pica, puede adquirir el virus y luego transmitirlo a otra persona sana. “Ahí recién hablaríamos de dengue autóctono”, aclaró Roccia.
Por eso, además del control ambiental, es importante consultar al sistema de salud ante síntomas como fiebre alta, dolor corporal, dolor detrás de los ojos o malestar general, especialmente si hubo viajes recientes a zonas con circulación del virus.
El Laboratorio de Salud Ambiental funciona en Gregorio Martínez 65, entre San Martín y Juan B. Justo. Allí se pueden llevar muestras de larvas para su identificación. También se reciben consultas y fotos (de buena calidad) por mail a [email protected]
“Ante la duda, consultar. Pero sobre todo, revisar nuestras casas. El dengue se previene en los patios”, concluyó Roccia.
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