El gobierno provincial y el nacional tienen sus primeras, leves, diferencias. Nadie podría decir que es un malestar definitivo, ni mucho menos. Sólo emergen a superficie rispideces que antes no. Sucede desde el viernes pasado. Ese día se hizo notorio el malestar neuquino por la caída de la financiación rusa para la presa Chihuido I. Se dice que Macri quiso conseguir algún punto menos en la tasa de interés con el gobierno de Putin y que ese intento habría hecho colapsar la ayuda. Ahora, los morlacos vendrían desde China. El gobernador trazó un nuevo espacio temporal para la concreción del emprendimiento sobre el río Neuquén. Y en simultáneo reclamó-criticó a Nación. Pidió que, finalmente, lleguen las inversiones al sector petrolero. Y pidió, también, dejar de lado “los egoísmos”. El gobierno viene avalando un nuevo convenio colectivo de trabajo, un “ajuste” del modo en que se trabaja en los yacimientos no convencionales. Pero como moneda de cambio obtuvo la posible quita del subsidio denominado barril criollo, el aporte del Estado nacional que mantiene el precio del crudo a 67, 50 dólares. Si lo quitan, Neuquén obtendrá menos regalías. La otra diferencia se hizo clara casi al mismo tiempo. Nación autorizó el ingreso de carne de cerdo libre de aftosa con vacunación a la provincia y puso en jaque la rama local de este sector productivo. Neuquén fue a la Justicia para poner freno a la medida, promovida por hipermercados que faenan ellos mismos su carne. En el gobierno sostienen que es parte del lobby empresarial. Está claro que es una forma de poner en jaque puestos de trabajo en un año sin respiros en la economía. El tema está en la Justicia y la cuerda todavía se tensó un poco más.
El gobierno neuquino pidió que finalmente lleguen las inversiones. Hay reclamos que antes no eran públicos.


