La vida de un bebé prematuro estuvo en riesgo la semana pasada, luego de que el SIEN (Sistema de Integrado de Emergencias del Neuquén) denunciara el retraso de más de 20 minutos de una ambulancia del hospital Castro Rendón que iba a buscar un vuelo sanitario, proveniente de Chos Malal, al aeropuerto de Neuquén. El origen de los problemas que enfrenta el actual sistema de emergencias y los operadores son las reglas de juego sobre las que está organizado. El problema no pasa por la corrupción o impericia de los funcionarios. La reforma introducida en la gestión de Rubén Omar Butigué, al no corregir los problemas que venían presentándose, no generaron los resultados buscados. Si toda vida es igualmente valiosa, es legítimo preguntarse si es justo que se corran riesgos de vida por una competencia entre sectores del mismo sistema. La articulación perversa a la que asistimos muy seguido entre un sistema de emergencias y los operadores de los hospitales -y acá no pasa por mayores requerimientos financieros- pasa necesariamente por una mayor confianza en la prestación de un servicio ajustando las asignaciones de funciones de cada uno de los actores del sistema de la salud pública. Resulta notable la contradicción entre el discurso y la realidad: una cosa es lo que dice el ministro Butigué a la ciudadanía y otra, muy distinta, es la directiva dentro del sistema, y estas evidencias sugieren que no supo generar un consenso entre el sistema de emergencia y los hospitales. Si estos factores no son las causas de fondo, ¿cuáles son las raíces de la crisis entre el SIEN y los operadores del Castro Rendón?


