Nos roban hasta la fe

Lo predijo Enrique Santos Discépolo allá por 1934, en una cruda visión de la sociedad y sus valores. Está claro que "cualquiera es un señor, cualquiera es un ladrón", y desde allí que la desconfianza se ganó un lugar privilegiado en nuestras vidas si la intención es mantenernos a salvo.

En un breve repaso por los títulos policiales más leídos en la última semana en la web de LM Neuquén, aparece una mujer de Plaza Huincul que armó una gran campaña solidaria para sus bolsillos, incluyó la ficción de una madre golpeada, con un hijo desnutrido muerto y otro grave por la falta de comida.

También, la historia del pastor trucho que, además del diezmo, se quedaba con los teléfonos celulares y planes sociales de su rebaño en pleno corazón del oeste, aprovechándose de las barriadas más vulnerables.

Estafados en la confianza y en la fe, quedamos desnudos como sociedad y aferrados al sálvese quien pueda.

La situación de incertidumbre y precariedad con la que vivimos se hace cada vez más intensa.

El filósofo italiano Franco Volpi traza un paralelismo con un hombre que se acostumbró a transitar un camino helado, pero con el deshielo advierte que el hielo comienza a moverse y se va despedazando en miles de placas. La superficie de los valores y los conceptos tradicionales está hecha añicos, y seguir en el camino resulta difícil.

Aunque Discépolo era muy pesimista en el panorama que pintaba hace casi un siglo cuando escribió es obra eterna que es "Cambalache", no todo está perdido y depende de nosotros. Porque así es la vida, como "la vidriera irrespetuosa de los cambalaches", en la que "ves llorar la Biblia contra un calefón".

Estafados en la confianza y en la fe, quedamos desnudos y aferrados al sálvese quien pueda.

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