Fernando Castro
La línea que divide lo que es vida de lo que es periodismo suele ser, para un periodista, difusa. Al menos, plantea dos territorios un tanto ambiguos, que más bien forman parte de uno. Es desde ese rincón del alma que te escribo, Papá Noel, mi carta de Navidad. Así, mi pedido (¿regalo?) será tanto para “mi vida” como para “mi oficio”. ¿Es muy sobre la hora? Fijate, por ahí podés. Para este 2015 repleto de elecciones te pediría una buena idea expresada de corrido por un político, una idea que se salga de la lógica fulano-dijo-esto-y-yo-lo-opuesto como estrategia de campaña, Papá Noel, ¿podrás? Pero por si fuera poco, vos verás, por si hace falta, también te agrego la posibilidad de que alguno de los, pongamos, varios candidatos de campaña diga algo, por ejemplo, del precio de los alquileres, para ver si hay alguna chance de que los “problemas de la gente” tengan, en algún momento, su contraparte institucional; porque, según se sabe, los diputados tienen un proyecto sobre este temita incómodo. Pero hice los deberes, Papá Noel, y por si no lo sabés, se me ocurrió incluir en los pedidos de la carta que te mando a los vecinos de Colonia Nueva Esperanza, que me contaron que el agua que les llevan en camiones cisterna a veces tiene bichos, algo que da un poco de bronca y contrasta con la situación de las petroleras que tienen a cinco cuadras de sus casas; pero ellos igual la toman, no tienen otra, y no tienen plata, te cuento, Papá Noel. Es algo que contrasta también con la provincia propia de fantasilandia que algún candidato se empeña en vender, y que sigue dando bronca, sobre todo cuando lo ves ahí con tus propios ojos, que es como todos deberíamos ver las cosas todos los días, porque está claro que las patadas en el pecho suelen sentirse más que mil palabras y una foto. Bueno, eso Papá Noel, Feliz Navidad, y gracias por todo, siempre.


