¿Otro efecto Cromañón?

El final trágico de la fiesta electrónica Time Warp en Puerto Madero puede ser vista como un necesario punto de partida para que las autoridades apliquen un mayor control a este tipo de espectáculos.

El final trágico de la fiesta electrónica Time Warp en Puerto Madero puede ser vista como un necesario punto de partida para que las autoridades apliquen un mayor control a este tipo de espectáculos.

Aunque también desnuda la impotencia para hacer frente a un problema de magnitud como es a distribución de drogas de diseño con un alto poder de daño.

Luego de la tragedia de Cromañón, en Neuquén los bomberos no daban abasto para controlar la seguridad.

Cuando sucedió la tragedia de Cromañón, Neuquén acusó recibo de un déficit en el control de la seguridad de locales bailables. Los bomberos de la ciudad no daban abasto con las inspecciones porque, súbitamente, a las autoridades les sobrevino la preocupación por el estado en el que se encontraban los inmuebles explotados para eventos de ese tipo.

Luego de lo acontecido en la costanera porteña, se abre nuevamente el debate acerca del horario en el que deberían cerrar los boliches bailables, como si la distribución de estupefacientes se rigiera por las ordenanzas que regulan los espectáculos públicos.

La ciudad ya tiene bastante con los conductores beodos que circulan durante los fines de semana batiendo récord tras récord con alcohol en sangre.

Como sucedió con Cromañón, las políticas destinadas a hacer frente a fenómenos de este tipo parecen ser espasmódicas y con buena dosis de oportunismo mediático.

Sin embargo, se está frente a una nueva gran oportunidad para agarrar de una vez por todas al toro por las astas. La distribución de drogas ilegales tiene una gran capacidad de adaptarse a las reglas de juego que se plantean desde los gobiernos, los cuales siempre parecen llegar tarde y con el matafuegos debajo del brazo.

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