Confluencia ha sido y es una zona en estado salvaje. No hay que ser muy entendido para hacer esa afirmación, solo basta con observar que desde principios de mes se vienen produciendo distintos incidentes que incluyen un crimen, un ataque a una taxista y varios tiroteos.
La mayoría de los episodios que se registran en el sector tienen que ver con peleas o, mejor dicho, con guerras territoriales que en algunos casos tienen la finalidad de demostrar que un grupo es el “más malo del barrio”, según explican los investigadores.
La Policía no está al margen de los enfrentamientos. Cada vez que intervienen en estas batallas familiares, a veces con tacto y otras veces no, la Comisaría 19 se convierte en el epicentro de un ataque. En lo que va del año, la dependencia policial fue atacada en tres ocasiones.
Pero no hay que ser un entendido para advertir que la realidad nos está avisando a gritos que es necesario intervenir en el sector para evitar otra tragedia.
Cuando se habla de intervenir en el territorio no se está pidiendo más policías ni camiones blindados. Se le está solicitando al Gobierno que aleje por un momento la vista de las urnas y deposite su interés también en la necesidad de un sector sumamente complejo. Sin duda, hay que llegar hasta las familias enfrentadas para relevar la problemática y buscar soluciones.
Aunque, en paralelo, la Justicia tiene que ordenar una investigación seria para encontrar y sacar las armas, que hábilmente mueven estos grupos, antes de que se produzca otra muerte. A largo plazo, el planteo tiene que ser integrador, generando actividades en el barrio para contener a los adolescentes y jóvenes que hoy parecen estar a la deriva entre calles salvajes.


