En pocos meses, Quiroga tuvo dos reveses inesperados que complican su presente. El primero, ya casi olvidado, fue el volantazo dado por Ramón Rioseco, quien luego de coquetear con una posible fórmula entre intendentes y no tener respuesta a su interminable pedido de hacer una interna para ver quién conducía y quién iba como vice, se terminó yendo con el Frente para la Victoria (FpV). El otro, el más sorpresivo y reciente, fue el no de Camilo Echevarría para ir como candidato a diputado, aduciendo las ganas de continuar con sus estudios y carrera deportiva. Más allá de las miles de suposiciones que se puedan hacer, estos fueron dos cachetazos que aún le duelen al jefe comunal de la capital. El primero, quizás el más duro porque le restó chances reales de hacerle fuerza al MPN, lo obligó a buscar una alternativa e instalar como compañero a Leandro López, un desconocido para la mayoría de los neuquinos, dado que su única función pública ha sido la de concejal por el PRO, cargo que mantiene desde 2007. El segundo golpe, inesperado por todo lo que se habló durante las últimas semanas, le puso por delante la difícil tarea de analizar y definir quién encabezará la lista de diputados, lugar que hoy no tiene nombre ni apellido. Los tiempos se acortan y cada vez falta menos para saber qué será de Pechi después del 26 de abril. Si bien él y su gente cercana aseguran que están enfocados en las elecciones a gobernador, nadie descarta ninguna alternativa a futuro y dejan abiertas todas las puertas posibles. Por eso es casi un hecho que, en caso de no ganar dentro de dos meses, Quiroga va a intentar repetir un nuevo mandato como intendente para sumar su cuarto período –dividido en dos etapas–, algo que nadie pudo lograr en la historia de la ciudad más importante de la Patagonia.


