Dijo que, dada la forma en que cayó la taba, se iba a postular para presidir la comisión de un club de bochas. Y también que hoy por hoy ignora la fecha que le pondrá a las elecciones de la ciudad, simplemente porque no sabe qué le conviene. Pero el que crea que Horacio “Pechi” Quiroga está acabado y con un hilo de baba boqueando en la lona está haciendo un mal cálculo.
La capacidad de reírse de sí mismo, su innegable carisma, el 53% de imagen positiva que conserva, su proyección nacional, el triunfo que para gobernador obtuvo en San Martín de los Andes –nada menos que su pueblo natal–, su vocación republicana y la convicción de que el populismo es un veneno para la democracia son ingredientes que aún lo podrían mantener en el ring dando pelea.
Todo dependerá de las circunstancias. El 20 por ciento de los votos que logró no fueron suficientes para él pero están muy cerca de lo que su aliado nacional, Mauricio Macri, espera sumar desde la provincia de Neuquén en su carrera presidencial. Y si por uno de esos increíbles rulos de la historia Macri llegara a la Casa Rosada, lo habrá hecho sobre la base del mismo discurso de “la necesidad de cambio” que en este rincón de la Patagonia repite el intendente. Quizá a destiempo, como le pasaba a Sarmiento, que quería erguir una democracia parlamentaria en un país lleno de caudillos, o aún en contra de una idiosincrasia que todavía reclama paternalismos. ¿Qué hará Pechi, uno de los grandes animales políticos neuquinos? ¿Colgará los botines? ¿Se hará chofer de Indalo, columnista político, croupier de casino como en su juventud, o lobbista del estacionamiento medido? Hará lo que esté en su naturaleza: volverá.


