Pereyra quiere pero no puede

Guillermo Pereyra no se puede ir. Hace menos de un año amagó con la retirada y la puja por

Guillermo Pereyra no se puede ir. Hace menos de un año amagó con la retirada y la puja por el fabuloso botín que también es el gremio petrolero casi deja el tendal. Por lo bajo, y no tanto, las escaramuzas de quienes iban por la sucesión amenazaban con el comienzo de una guerra. Y, se sabe, a los gordos del gremio petrolero no les cuesta casi nada arreglar sus diferencias haciendo gala de sus tosquedades. Ahí activó el primer operativo clamor.

El titular del gremio de los petroleros trata de dejar el cargo. Si se va, se desata una cruenta disputa por la sucesión.

Ni su segundo, Ricardo Astrada, ni el intendente de Rincón de los Sauces, Marcelo Rucci, el otro candidato eterno, se quedarían con lo que tanto añoran, quedar a cargo del circo. Quedó esa tensión dando vueltas, asimilable a la idea de que sin el senador del MPN, todo quedaría en el torbellino del más irreversible caos. Vuelve a pasar. En un año crítico para el sector petrolero, con despidos y trabajadores suspendidos, el escenario era todavía peor. Pereyra muñequeó todo lo que pudo la reticencia de las empresas a dar una suba salarial, atajó la bronca, pagó costos internos y negoció una paritaria del descontento y en cuotas. Con ese dique de contención activado, cuya fortaleza es una incógnita, se animó a decir, otra vez, que dejaría la conducción del sindicato. Parecía que esta vez iba en serio, pero en cuestión de días volvió a quedar en evidencia que por más que el cuerpo “y la familia” se lo pidan, si se va, como dice un almacenero amigo, queda el desparramo. Quedó un poco en posición adelantada, si bien como pocos ha hecho del cambio abrupto de posturas, a veces, un capital. En medio otra confirmación: las diferencias supuestamente reconciliadas entre Rucci y Astrada se parece lo suficiente a una bomba de tiempo.

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