Policías en la mira por estafa

De nuevo el accionar de un policía nos pone en una encrucijada como sociedad: confiar o no en las personas que prestan servicio para cuidarnos.

De nuevo el accionar de un policía nos pone en una encrucijada como sociedad: confiar o no en las personas que prestan servicio para cuidarnos.

A los casos de gatillo fácil, el robo entre policías en la Escuela de Cadetes y el desmanejo en los fondos de combustibles, ahora se suma un millonario desvío de la cuenta de adicionales.

El millonario desvío de fondos dinamita la endeble confianza que la sociedad tiene en la Policía.

Para ser claros, los adicionales son las horas extra que hacen los policías, fuera del servicio, para terminar de completar un salario más o menos digno. Este dinero extra nunca se lo pagan en tiempo y forma, por lo general e históricamente, siempre viene atrasado entre tres y seis meses.

La caja de los adicionales es más que interesante: se estima en unos 30 millones de pesos mensuales, que son aportados por las empresas, comercios, petroleras y el propio gobierno que contrata estos servicios.

Al parecer los millones de la cuenta son una tentación irresistible para algunos. Hoy, hay un cabo primero, Ezequiel Studnitz, que fue pasado a disponibilidad porque lo engancharon en un desvío de 38 mil pesos. En la auditoría que hacen contadores del Ministerio de Seguridad la suma ya escaló a 1,5 millones de pesos.

La maniobra representa un doble golpe para la plana mayor de la Policía. Primero porque implosiona la confianza de la sociedad y, segundo, porque el cabo es el hijo de Lia Alejandra Ferragut, superintendenta de Apoyos y Servicios que tiene un historial más que destacado dentro de la fuerza, a tal punto que se convirtió en la primera mujer en integrar la plana mayor de la Policía.

En este escenario, vale destacar que Ferragut no intentó actuar en forma corporativa para proteger las fechorías de su hijo.

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