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La Mañana

¿Por qué se le pega al librero?

Cuando el librero Gabriel Barrios escribió en la pizarra que no aumentaba los precios para no favorecer a los especuladores, jamás imaginó que su decisión tomaría dimensión nacional y que incluso sería nombrado por Cristina Fernández como un ejemplo. Tampoco iba a pensar que sería el protagonista de un spot de Fútbol para Todos. En ese momento, casi no existieron opiniones equilibradas, para algunos se trató de la acción de un héroe y para otros fue un acto demagógico que tenía como único fin hacer propaganda.
Lo que seguramente no pensó es que ocho meses después estaría a punto de cerrar porque sus ventas cayeron y el dueño del local le aumentó el alquiler a casi el doble de lo que pagaba antes de la exposición mediática.
Ahora, es muy común que todos critiquemos que “nadie hace nada” o que la clase política no se ocupa de “los problemas de la gente”. Pero cuando se dan casos como éste, en vez de dejar los prejuicios de lado, se sale a pegarle. Y no estoy hablando de los medios opositores al Gobierno que se hicieron un festín (algo predecible) con la noticia destacada en tapa por LM Neuquén. Me refiero a la enorme cantidad de personas que se encargaron de castigarlo con sus comentarios en los sitios digitales y en las redes sociales.
Está clarísimo que hay inflación y que los salarios no crecen al ritmo de lo que suben los productos en el supermercado (que, dicho sea de paso, obtienen ganancias exorbitantes con relación a las que pueden lograr en países que tienen regulado el sector), pero lo que resulta increíble es que cuando un tipo común pretende dar una pequeña lucha contra los aumentos que nos afectan a todos, salgan a descalificarlo como si se tratara del encargado de manejar la economía del país.