Estocolmo (Dpa) > El centésimo Premio Nobel de Medicina fue otorgado este año a tres estadounidenses, entre ellos dos mujeres, por haber explicado el envejecimiento celular, informó ayer el Instituto Karolinska en Estocolmo.
Elizabeth Blackburn, Carol Greider y Jack Szostak resolvieron un problema fundamental de la biología acerca de «cómo los cromosomas pueden ser copiados de manera completa y cómo están protegidos contra la degradación», indicó la Asamblea Nobel.
Sus descubrimientos son importantes para comprender el cáncer, el envejecimiento y las enfermedades genéticas hereditarias, dijo Hans Jornvall, de la Asamblea Nobel.
Blackburn (60 años), de la Universidad de California en San Francisco; Greider (48), de la Escuela Universitaria de Medicina Johns Hopkins de Baltimore, y Szostak (56), del Hospital General de Massachusetts en Boston, se dedicaron a investigar ante todo los extremos de los cromosomas, denominados telómeros.
Los resultados de sus estudios figuran en todos los libros de texto sobre el tema y, en el futuro, podrían conducir al desarrollo de nuevos medicamentos, por ejemplo contra el cáncer y las enfermedades hereditarias.
En el ser humano, el genoma no forma una única fibra larga, sino que está distribuido en 46 partes, llamadas cromosomas. Cada una de estas moléculas posee dos extremos, denominados telómeros. Estas partes tienen por un lado una función protectora y por otro se ocupan de que durante la división celular, cada cromosoma se duplique en su totalidad.
Ambas tareas son vitales: si los telómeros se acortan, las células envejecen, y si el cromosoma carece de la capa protectora, el genoma no puede llevar a cabo una duplicación exacta y completa, por lo que la célula muere. En ciertos casos, puede descontrolarse y desencadenar un cáncer.
Blackburn y Szostak, nacido en Londres, descubrieron cómo una única secuencia de ADN en los telómeros protegen a los cromosomas del envejecimiento. En 1982, ambos investigadores publicaron un artículo sobre la clonación de telómeros en levaduras.
En tanto, Greider y Blackburn descubrieron en 1984 una enzima nueva e inusual, que llamaron telomerasa. Esta proteína puede prolongar telómeros y preservarlos. Esto es indispensable, porque en cada división celular los telómeros se acortan un poco.
Telómeros defectuosos son las causa de varias enfermedades hereditarias. «Los descubrimientos de Blackburn, Greider y Szostak dieron una nueva dimensión a nuestro entendimiento de la célula», dijo el Instituto Karolinska.
Organismos inferiores como las bacterias no poseen telómeros, porque en general tienen un único cromosoma circular, que por lo tanto no tiene extremos.
Szostak observó, entre otros, que el material genético que carece de la protección de los telómeros es degradado rápidamente en la célula. En cambio, si se les agregaba artificialmente una protección, los minicromosomas con los que trabajó permanecían intactos.


