¿QUÉ ES LA HETERODOXIA EN ECONOMÍA?
Por Humberto Zambon
La denominada heterodoxia no representa una escuela, sino se trata de un conjunto de economistas que, inclusive con grandes diferencias entre ellos, coinciden en objetar los postulados y las recomendaciones de política económica emanados por la llamada ortodoxia. Ésta parte de un análisis de elevada abstracción y que lleva a un modelo único que pretende ser aplicable a todos los casos, sin tener en cuenta las grandes diferencias en el espacio (no es igual la economía del centro que la de la periferia) y en el tiempo, con un capitalismo que evoluciona, modificando las formas de acumulación. La heterodoxia puede verse como una reacción contra ese modelo único que se vuelve apologético del sistema.
Un amigo mío, con mucho humor, definió a la heterodoxia parodiando al lenguaje de las recetas de cocina de esos chefs que abundan en la televisión actual: “Se toma una porción de la teoría de David Ricardo; se le agrega una doble de Marx y otra similar de Keynes; se bate bien y se sirve acompañado de cifras estadísticas de la CEPAL. Se puede ornamentar con gráficos de la misma fuente”. Como toda humorada, tiene una base cierta, pero –como pasa con las caricaturas- exagera algunos rasgos y termina alejándose de la realidad.
Kalecki y Sraffa
Es cierto que la heterodoxia se ha nutrido del marco teórico de los clásicos y de Keynes, pero fundamentalmente a través de dos grandes economistas del siglo XX, Michal Kalecki y Piero Sraffa.
Kalecki desarrolló, en forma independiente y con anterioridad a Keynes, una teoría con muchas similitudes con la de este último. Son respuestas teóricas similares ante una misma situación problemática, la profunda y larga recesión de los años 1930. Para Kalecki los mercados contemporáneos son monopólicos (u oligopólicos) y los precios los fijan las empresas en función de los costos más un porcentaje de utilidad bruta (el llamado mark-up) que por su magnitud refleja la posición más o menos dominante de la firma en el mercado. Las empresas industriales trabajan a un nivel menor que la capacidad plena, razón por la cual ante cambios en la demanda pueden reaccionar rápidamente. Podríamos decir que la oferta se acomoda a la demanda, que es la visión contrapuesta a la ley de Say, de la ortodoxia: “La oferta crea su propia demanda”. El problema del capitalismo maduro es la insuficiencia de la demanda efectiva, por lo que el Estado debe intervenir creando demanda mediante el gasto y la obra pública, fomentando las exportaciones y redistribuyendo el ingreso en forma más equitativa, lo que trae aparejado un aumento del gasto en consumo.
Por el contrario, la política económica ortodoxa apunta para el lado de la oferta: menores impuestos, disminución del costo laboral, créditos baratos y baja de la tasa de interés.
Marginalismo
Por su parte, Sraffa trató de demoler al marginalismo y dar una presentación rigurosa del pensamiento clásico. Demostró que la distribución del ingreso no está determinada por leyes objetivas sino que es una variable abierta, por lo que queda un campo amplio para la negociación colectiva de los salarios y para la acción política estatal. Se reivindica así a la política, que los ortodoxos niegan (para ellos un aumento del salario real produce desocupación o inflación).
Por otro lado, la ortodoxia defiende la libertad económica y el libre mercado; la heterodoxia cree imprescindible la intervención y regulación estatal.
En el plano monetario, la ortodoxia plantea la independencia del sector, que influye en el nivel de precios y en la inflación, reclamando estabilidad y la autonomía de los bancos centrales. La heterodoxia sostiene que la política monetaria afecta directamente a la economía real (en este aspecto es clara la influencia keynesiana) y, por lo tanto, debe estar sometida a los mismos objetivos de crecimiento y redistribución del ingreso que el resto de la política estatal.
Nuestro país ha dado dos grandes economistas heterodoxos: Raúl Prebisch y Marcelo Diamand. El primero, desde la CEPAL (Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas), creó una importante corriente de pensamiento económico, el estructuralismo, que tuvo gran auge e influencia entre fines de los años 50 y los 70 del siglo pasado; en particular fue famosa en aquellos años la polémica con el monetarismo, cuyos ecos aún perduran: para éstos la alta inflación latinoamericana se debía a los déficits fiscales y a la consecuente emisión monetaria, mientras que para el estructuralismo la inflación no era mas que un síntoma de desequilibrios en la economía real y la emisión monetaria no era una causa sino una consecuencia de esa inflación.
Prebisch abogó por la industrialización y la integración económica latinoamericana.
Diamand, por su parte, estudió los países con industrialización tardía –como es el caso argentino- y los desequilibrios que produce, particularmente en la balanza de pagos, generando la limitación externa y la crisis cambiarias. Fue un partidario decidido del control monetario y de los tipos de cambio diferenciados, con mercados segmentados o mediante una política de retenciones y reintegros al comercio exterior.
Fue un declarado opositor a las políticas neoliberales de los años 90 y uno de los principales exponentes del pensamiento económico nacional. El año pasado, al cumplirse tres años de su fallecimiento, por la iniciativa de la Universidad de Moreno y del Conicet se dio a conocer un importante libro “Ensayos en honor a Marcelo Diamand”, donde se analiza la actualidad de su pensamiento y cuya lectura merece ser recomendada.


