Que los goles no tapen el bosque

El River del Muñeco arrancó a pleno. El Boca de Guillermo todavía no pone primera. Volvió el fútbol nuestro, el de los domingos, después de un parate eterno de casi 100 días, y los gritos de gol coparon la escena. La pasión que recorre el país cada vez que rueda la pelota se enciende otra vez y nos olvidamos de toda la mugre que rodea al fútbol argentino. De la AFA sin presidente, de los partidos sin hinchas visitantes, de las cuentas que no les dan a los clubes, de la desorganización, del papelón olímpico, de los dirigentes que se comen los millones del Fútbol para Todos con más hambre de dinero que de gloria, de la FIFA metiendo las narices porque, ya sin Grondona al mando pero con el mismo estofado cocinado con sus recetas, olfateó que por estas tierras hay cosas que huelen muy mal. Lentos los muchachos cuando les conviene, rápidos cuando hay una fortuna en el medio.

Los gritos de gol, por necesarios que sean en un año eterno, no deberían tapar tanto desastre.

Los gritos de gol, por necesarios que sean en un año eterno (¿cuánto faltará para el segundo semestre?), no deberían tapar tanto desastre organizado. Los dirigentes, ya lo demostraron, no planean hacer las cosas bien. Cuando se fue don Julio, la puerta que se abrió para pasar la escoba y barrer la suciedad se cerró enseguida. Sin su mentor, el “todo pasa” igual funciona a pleno. Y son los hinchas que sostienen este monstruo los únicos que pueden hacer que las cosas cambien, estando atentos, mirando algo más que lo que ocurre en la cancha durante 90 minutos, exigiendo que la pelota no se manche mientras celebran victorias o maldicen derrotas. Los dirigentes, ya lo demostraron, sólo tienen como objetivo ver cómo se reparten la torta para comer las suculentas migajas. El fútbol que nosotros amamos, a ellos, es lo que menos les importa.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído