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La Mañana

Que no haya más Viglianos

Le costará mucho a Mauro Vigliano salir de su casa en paz, sin recibir miradas en forma de flechas. Aún peor le resultará volver a dirigir a los dos más grandes de nuestro fútbol. Su próximo error con River o Boca como protagonistas será vinculado directamente con este Superclásico, y ya no tendrá perdón. Su debut en el partido más importante del continente fue un espanto, por errores que vemos todos los días, por el penal que no existió y, sobre todo, por no animarse a suspender un espectáculo imposible de llevar adelante. Con el traje de villano hecho a medida, con los hinchas haciéndose un picnic de primavera atrasado con su figura, con los medios pegándole en el piso, con sus superiores mandándolo al frente para lavarse las manos (lo eligieron pese a que había otros con espaldas más grandes), tal vez su crucifixión sirva para apurar dos cambios que harían crecer al deporte que más amamos y dejarían mucho menos expuestos a los árbitros a ser carne de cañón. Uno es entender que si las condiciones no están dadas, no debe rodar la pelota. Se queje la TV o los dirigentes, aprieten el calendario o los hinchas, que esta vez comprendieron, ya antes de los cinco minutos, que no era serio lo que pasaba. Con agua, o con barras haciendo de las suyas, si no se puede jugar, no se debe. La otra es superar los miedos y las dudas, y sacar provecho, por fin, de los avances tecnológicos. El fútbol fue creado hace un siglo y medio. Imperfecto, hermoso. Pero nada positivo surge de un árbitro que modifica una historia por un mal golpe de vista. Otros deportes lograron minimizar la falla humana tomándose unos segundos, apenas, para que alguien mire una repetición. Así, no habría más Viglianos encerrados en sus casas, echando a perder carreras promisorias, y tampoco hinchas enloquecidos por un mal arbitraje.