Que Osvaldo no tape el bosque

La salida de Daniel Osvaldo asoma inminente. Se tomó su tiempo Dani Stone, muchacho difícil, jugador imprevisible dentro y fuera de la cancha, y ayer pidió perdón. Pero ningún arrepentimiento le torcerá el brazo al Mellizo, cansado del humo en el vestuario uruguayo y de los escándalos del delantero en un raid difícil de tolerar.

Su segundo paso por Boca no dejó nada a su favor. Ni una buena tuvo. Cinco partidos, poco más de 300 minutos en cancha, cero gol. Sobre sus espaldas cayeron todas las críticas, y si el jueves su equipo no logra el pasaje a semifinales de la Libertadores en casa, gran parte de la eliminación se le adjudicará a él.

Boca, dueño del plantel más numeroso, está a 19 del líder. River, a 15 del Ciclón y del humilde Godoy Cruz.

El escándalo de Osvaldo, tal como la emotiva despedida de Marcelo Barovero, un profesional con una imagen opuesta que ganó más de lo que imaginó en su paso por River y se fue ovacionado, ayudan a tapar una realidad triste de ambos equipos en el campeonato local. Los dos más poderosos, candidatos en cada certamen que comienza, le apostaron un pleno a la Libertadores, y se despedirán de este Torneo de Transición lejísimos de la cima, sin siquiera aspirar a pelear por un lugar en la próxima Copa. Boca, dueño del plantel más numeroso, está a 19 puntos del líder de su zona, tras apenas 15 partidos, y zafa porque sueña con las semis. River, que ya piensa en un próximo semestre con pocos objetivos, se mantuvo a 15 de San Lorenzo (también jugó la Copa) y del humilde Godoy Cruz. Un abismo que muestra no sólo que poner todos los huevos en una canasta es un riesgo enorme, sino también la falta de solvencia de los dos equipos en el ámbito local, en el que tuvieron que tirar la toalla mucho antes de que empiecen los mano a mano del certamen continental porque les faltó casi todo: fútbol, seguridad defensiva, eficacia, recambio y resultados.

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