¿Reinas para qué o para quién?

El caso de Tamara, la joven que ganó un concurso de belleza pero fue descalificada por ser madre, puso en discusión nuevamente el trasfondo de este tipo de eventos de corte medieval que aún perduran en nuestros días.

Si empezamos por las reglas, estos certámenes imponen que las mujeres deben cumplir ciertos requisitos estéticos de altura y peso, demostrar buen comportamiento y "buen gusto" estético. Reglas que siguen promoviendo la valoración de la mujer en base a su físico.

Durante el proceso de elección, las jóvenes son sometidas a pruebas de baile y desfiles. Un jurado compuesto por funcionarios y personas destacadas de la sociedad, como religiosos o empresarios, evalúa a cada una de ellas. En segundo plano, las mujeres deben responder preguntas de cultura general que ponen en tela de juicio su inteligencia porque, además de lindas, deben demostrar que son inteligentes, que son capaces de algo.

El hecho de que ser madre sea motivo de descalificación sólo refuerza el carácter sexista de este tipo de certámenes, pero poner el foco en si es válido o no este requisito no debe desviar la atención de cómo promueven la objetivación de la mujer y de los valores que inculcan o las consecuencias que tienen entre niñas y adolescentes.

Ser mujer no es llevar un cuerpo que debe mostrarse, ni hay físicos perfectos ni tenemos por qué ajustarnos a medidas arbitrarias a las que la mayoría de las mujeres no nos acercamos. Tampoco una mujer es ni más ni menos que un hombre o es objeto para ser evaluado como un producto que debe cumplir con ciertas normas antes de salir al mercado. ¿Reinas para qué o reinas para quién? En un momento en que la lucha por la igualdad de género y en contra de todo tipo de violencia contra las mujeres es eje de muchos reclamos, las autoridades políticas y sociales que promueven este tipo de concursos deberían replantearse la contradicción que subyace en su continuidad.

Fuente:

¿Qué te pareció esta noticia?

Noticias Relacionadas

Deja tu comentario

Lo Más Leído