El progreso parece llegar siempre tarde a Neuquén. El caso de la Ruta 7 –ahora devenida en corredor petrolero– es paradójico. Cuando se inauguró la multitrocha en 1994 (con el ex presidente Carlos Menem como invitado ¿de honor?), la palabra petróleo apenas si asomaba en la agenda regional. El precio del crudo estaba por el piso y muchos se preguntaron el porqué de una calzada de doble carril cuando casi no circulaban vehículos. La ruta, en algunos tramos, generaba un eco permanente contra las alamedas, cada vez que pasaba un camión. Hoy la realidad es distinta. Es tanto el tráfico y la cantidad de autos que cruzan a diario que la muerte acecha todos los días. Las noticias sobre choques de camionetas de servicios petroleros están en las primeras planas. Pero las dificultades no son de ahora. Hace por lo menos diez años que deberían haberse hecho obras de infraestructura en la calzada. Hoy el gobierno está en apuros debido a la presión que ejercen las empresas. Pero por parte de las compañías petroleras –que se llevan fortunas por el movimiento de la economía de Vaca Muerta– hay pocos gestos. Salvo por el cuestionado acuerdo entre Chevron e YPF que dejará en cuentagotas mil millones de pesos para duplicar la calzada y hacer obras de infraestructura en Añelo, las demás empresas poco colaboran para que la ruta sea más segura. Entre El Chañar y Añelo hay tramos intransitables por pozos y ondulaciones. Debido a las muertes, se repavimentaron 500 metros deplorables de la calzada. Pero todavía falta mucho más. Alguien dijo que la fiebre del petróleo iba a convertir la región en Las Vegas o el mismo Dubai. Sin embargo, la infraestructura, los servicios y las rutas aún son del tercer mundo.


