Pechi Quiroga desafió hasta donde pudo, pero su cambio de estrategia parece haber llegado demasiado tarde y no hizo más que meterse solo en la boca del león. No hubo empujones ni nada que se le parezca. El más zigzagueante de los candidatos estimula ahora la no campaña, ordena no pintar las paredes y baja el tono hasta quedar en mute, el escenario más fértil para cualquier favorito. El otro aspirante, Ramón Rioseco camina y camina pero por más que levante la voz tampoco consigue romper la monotonía de una recta final en calma y silencio.
Quiroga elige jugar con Mauricio Macri, confiado en aquella teoría de que Neuquén maneja sus tiempos, no siempre acompasados con la coyuntura electoral nacional. Y quizá no se equivocó, pero el envión del líder del PRO en las encuestas y la distancia con un Sergio Massa en caída libre no se tradujeron en números en la provincia. Los sondeos lo siguen dando tercero, cómodo, por debajo de Omar Gutiérrez y Rioseco.
El hombre de Cutral Co, a su vez, también parece haber quedado a mitad de camino entre aquel crítico de la ley de hidrocarburos y el hoy exponente territorial del FPV.
Aunque en el MPN son conscientes de aquel viejo axioma de que los votos se ganan de a uno y que la elección no está terminada hasta que se abren las urnas y se cuentan los sufragios, la calma en que ha entrado la campaña parece favorecerlos definitivamente. En política suelen desecharse las teorías contrafácticas, pero quizá si el personalismo no hubiera sido tan fuerte, la alianza entre Quiroga y Rioseco tal vez hubiera constituido una poderosa opción ante la hegemonía del MPN. Así, la alternancia ya se proyecta como una cuenta pendiente.


