Brasil sacó provecho y rompió la maldición
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A los brasileños el camino se le allanó tras la eliminación de Argentina, que había mostrado un equipo con el carácter y el juego necesario para llegar bien lejos. Los dos sufrieron en las eliminatorias, Brasil tuvo que convocar a Romario de apuro para la última fecha, en la que debía ganarle a Uruguay en el Maracaná. Lo hizo con un doblete del Chapulín, que en el Mundial haría cinco, todos en partidos distintos, y siempre el primero de su equipo.
Para Argentina el pasaporte había sido aún más angustiante tras el 0-5 ante Colombia y el repechaje con Australia. Basile citó a Diego Maradona para que se pusiera la camiseta más pesada de la historia albiceleste y de la mano del Diez la Selección tomó el impulso que le hacía falta para dar batalla en el Mundial. Con un equipo agresivo, arrancó con una goleada sencilla ante Grecia en la que mostró la capacidad de gol de Gabriel Batistuta, un juego asociado interesante y la vigencia de la magia del Diez, que hizo un golazo, el último en un Mundial, y empezó a creer.
El segundo duelo, ante los duros nigerianos, fue un examen que Argentina dio usando otros elementos, se repuso a una desventaja inicial con dos goles de Caniggia y Diego manejó los hilos en el final para cuidar el balón lejos del área propia durante un largo rato. El dueño de la pelota se marchó del Foxboro Stadium de Boston con una sonrisa enorme en un cuerpo agotado por el esfuerzo.
Sería la última vez que lo haría con la camiseta celeste y blanca. Su salida por el cuestionado doping minó el alma y las chances de un equipo que el resto miraba con mucho respeto y que frente a Bulgaria, jugando con la mente en otro lado, perdería el partido y a Caniggia, desgarrado. Sin sus dos anchos, Rumania lo mató de contra y el sueño se rompió en octavos de final.
Brasil e Italia vieron la eliminación Argentina con buenos ojos y se encaminaron a la final, como en el 70, pero esta vez con menos brillo y gran efectividad. Para los italianos, que pasaron con mucho susto la fase inicial, la esperanza se mantuvo gracias a Roberto Baggio.
El Divino no había tenido participación en la fase de grupos pero los salvó en octavos cuando a dos minutos del final, perdiendo ante Nigeria 1-0, marcó el empate con una gran acción y en el suplementario hizo otro, de penal, para evitar los penales.
Ante España, en cuartos, otra vez hizo el gol decisivo, el 2-1, a tres minutos del final, y en las semis marcó los dos tantos para superar a la Bulgaria de Hristo Stoitchkov, uno de los artilleros del certamen con seis goles, que dejó afuera a Alemania. El otro artillero fue el ruso Oleg Salenko. Su equipo no pasó la primera fase, tras perder con Brasil y Suecia, pero en la despedida le ganó 6 a 0 a Camerún con cinco goles de Salenko, un récord para los mundiales.
Brasil transpiró para eliminar 1 a 0 a Estados Unidos, para superar 3 a 2 a Holanda en el partido más interesante del torneo y 1 a 0 a Suecia en semifinales, con gol de Romario a diez minutos del cierre. En la final se cruzaron dos equipos que defendían antes de atacar, y el resultado fue un 0 a 0 inamovible incluso en el suplementario. Un juego de ajedrez que se resolvió por penales.
Por primera vez (se repetiría en el 2006, otra vez con Italia como protagonista) la Copa del Mundo se definía desde los 12 pasos. Italia había recuperado en tiempo récord a Franco Baresi tras una lesión en la ronda inicial y llegó al duelo final gracias a Baggio. Pero los dos fallaron su penal. El delantero la tiró a las nubes y le dio a Brasil el tetracampeonato.
Colombia, del sueño a la tragedia
Colombia llegó al Mundial precedida por su gran eliminatoria, en la que generó dos triunfos históricos ante Argentina. En el primero, en Barranquilla, con baile pero un escueto 2 a 1, le cortó un invicto récord de 33 partidos a los de Alfio Basile. El segundo fue el que más ruido hizo. Un 5-0 increíble que terminó con otro invicto albiceleste, como local camino a un Mundial. Fue un parricidio que silenció el Monumental y que dejó a Argentina al borde de la eliminación, llegando al repechaje gracias a que Perú, que no había sumado puntos en cinco juegos, le sacó un empate 2-2 a Paraguay. Un gol guaraní dejaba a los bicampeones del mundo afuera. Pero nunca llegó para darle alivio a un pueblo que nunca pudo olvidar aquel 5 de septiembre del 93.
De la mano de Valderrama, Rincón y Asprilla, Franciso Maturana construyó un equipo que con sello sudamericano se ganó el respeto de todos. Pero en Estados Unidos el sueño se hizo pesadilla. Y en el regreso, se convirtió en drama. Colombia cayó ante Rumania en el debut y luego frente al local. Por eso no le sirvió de nada ganarle a Suiza en su despedida. Los hinchas se enojaron, se culpó a los jugadores por haberse relajado demasiado, jugar agrandados y subestimaron el Mundial.
Ante los norteamericanos, Andrés Escobar había convertido el primer gol del partido en contra de su valla, desviando un centro en el borde del área para superar a Oscar Córdoba. De vuelta en su país, el defensor, que había hecho el único tanto se su selección en Inglaterra, en un empate histórico en Wembley, pidió tomarse unas vacaciones para dejar atrás la tristeza del Mundial. Unos días después, en una discoteca en las afueras de Medellín, un hincha lo insultó por el gol en contra. Se llamaba Humberto Muñoz Castro, y era guardaespaldas de narcotraficantes. Tras una discusión, desenfundó un arma y le disparó 12 tiros al jugador, que murió camino al hospital. A su funeral asistieron cerca de 120.000, entre ellas el presidente de Colombia, Cesar Gaviria Trujillo, y la conmoción duró un largo tiempo.





