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La Mañana

Sin celeridad no hay justicia

La justicia que es lenta no es justicia. Esta frase tan remanida se podría aplicar al caso del accidente en la planta de agua pesada de Arroyito del 12 de septiembre de 2012, que dejó dos trabajadores muertos y otros dos heridos.
Los familiares de las víctimas piden celeridad en la investigación de este incidente en el que murieron César Gutiérrez, un conocido vecino de Senillosa, que era técnico del equipo de fútbol del club Bicicross, y Marcelo Giest, ingeniero y supervisor de la zona de calderería. Sergio Rubio y Héctor Ramos, que resultaron con heridas durante el accidente, aún no se han reintegrado a sus tareas.
Un día después del hecho, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) decía que el accidente se había producido por una explosión que generó el desprendimiento de un equipo pesado que, a su vez, aplastó y golpeó a cuatro operarios. Esa fue toda la información y de lo ocurrido nada más saben los familiares.
Fueron designados peritos de la Universidad Nacional del Comahue, pero aún no han entregado los informes a la Justicia, de un accidente que se considera el más grave en la historia de la empresa estatal, que opera desde 1992.
Fabiola Grandón, viuda de César Gutiérrez, solicitó celeridad a los peritos y que se conozcan “nombre y apellido de las personas que no hicieron bien el protocolo de trabajo”; que han cometido faltas “que se llevan vidas, se llevan papás”. Procesos judiciales se eternizan no por la complejidad del caso sino por la propia naturaleza del sistema judicial. Omar Sosa Luengo, ex presidente del Tribunal Superior de Justicia, solía decir que la justicia lenta no es justicia, y para que la justicia sea rápida el juez debe ser trabajador, exigente y meticuloso.