Sinceramiento sin anestesia

El kirchnerismo hablaba de "sensación" cuando la inflación empezaba a trepar sin pausa durante el segundo gobierno de Cristina Fernández.

El kirchnerismo hablaba de "sensación" cuando la inflación empezaba a trepar sin pausa durante el segundo gobierno de Cristina Fernández. Y para la administración macrista se trata de un "sinceramiento" el ajuste con el que inauguró su gestión en diciembre pasado.

Sin embargo, no hay excusas semánticas que valgan para atenuar el impacto en los bolsillos de medidas como el tarifazo, o la salida del cepo cambiario.

Para entender la fenomenal caída del consumo, basta con reparar en medidas de empresas como Molinos, Danone y La Serenísima de congelar, e incluso bajar precios de sus productos estrella que la gente optó por dejar de comprar o cambió por marcas más accesibles.

El Gobierno decidió arriesgar su credibilidad al prometer que las cosas mejorarían en el segundo semestre.

La caída del salario no admite un correlato con el lenguaje del gobierno. Desde diciembre, el poder real del sueldo cayó 8% si se lo compara con el mejor mes del 2015 que fue noviembre.

El gobierno arriesgó buena parte del capital de credibilidad cuando prometió que las cosas comenzarían a cambiar a partir del segundo semestre. Ahora admite que la supuesta mejora comenzaría a advertirse recién a fin de año.

Frente a este panorama, cuesta imaginar que otra de sus metas originales cuando asumió, la pobreza cero, se hará realidad en un futuro cercano, a menos que ya no se apele al sinceramiento sino a la magia.

Macri volvió a dar señales importantes a los empresarios al vetar la ley antidespidos a la que eliminó de un plumazo con el argumento de que no sirve para generar empleo. El sindicalismo ya le mostró los dientes y se prepara para entrar en acción. La luna de miel se acabó, el sinceramiento también.

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