Te abrazamos con el Alma

Llorá tranquilo, Manu, que no llorás solo. Llorá tranquilo mientras acá, tan lejos y tan cerca, en la tierra donde hace 15 años empezó esta maravillosa historia, intentamos abrazar la tele para ponerte el hombro como vos nos enseñaste, como vos se lo pusiste tanto tiempo a este equipo para llevarlo de tu mano a la gloria eterna, esa que no se pierde cuando ya no dan las piernas para saltar hasta el cielo. No lloramos con vos por la derrota. Lloramos por este adiós que hubiésemos querido patear hasta la luna. Nada es para siempre, lo sabemos. Pero si guardábamos una esperanza de ganarle por tercera vez a los mejores del mundo, era por culpa tuya y de este equipo que nos enseñó a creer en imposibles, a pensar que el Dream Team podía también ser el nuestro.

Se nos pianta un lagrimón por este adiós de un equipo que se metió en la historia y en el corazón de la gente.

Se nos pianta un lagrimón porque perdemos a nuestro líder, porque ya no habrá más Generación Dorada que nos regale gestas heroicas, porque asistimos a la última función de un equipo que se metió en la historia y en el corazón de la gente. Y allí estará siempre. Como estás vos en el olimpo del deporte argentino, codeándote con otros pocos, muy pocos, que te miran con admiración. Lloramos porque ya no te veremos más con la celeste y blanca, porque ya no la empapará más el Chapu con sudor y sangre, porque Luifa se quedará solo y nosotros sentiremos que ya nada será igual.

Lloramos porque nos gana la nostalgia, pero lloramos plenos, agradecidos, recordando cada triunfo dentro de la cancha y cada ejemplo afuera, teniendo bien presente las alegrías que nos regaló esta selección que marcó una era, y a más de una generación que aprendió a amar el básquet por vos, por ellos, por ese puñado de guerreros llenos de talento y dueños de un corazón que no les cabe en el pecho, como no nos cabe en el nuestro este orgullo tan inmenso como ustedes.

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