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La Mañana

Tevez podrá escribir el final

El Tata ya había hecho oídos sordos un par de veces, pero nunca estuvo ajeno a la más maravillosa música. Los hinchas de la Selección, siempre más exigentes que con sus clubes, solo pedían por Carlos Tevez. El jugador del pueblo, como el resto de su generación y de la anterior, nunca pudo dar una vuelta olímpica con la celeste y blanca en estos 21 eternos años sin títulos en la mayor. Pero aquella imagen notable y ganadora en los Juegos Olímpicos de 2004, después de conquistar el mundo con Boca, el primero de una lista interminable de equipos en los que fue figura, goleador e ídolo, lo puso en el corazón de la gente. Y allí se quedó hasta una década después, incluso sin poder refrendar en el seleccionado lo que hace domingo a domingo. Sus números no son buenos: 13 goles en 64 partidos, un grito en eliminatorias y tres en dos Copas del Mundo, una última imagen como responsable de la eliminación errando un penal decisivo por Copa América, el próximo desafío. Pero algo funciona diferente con el Apache. No alcanza entender que, ante cada resbalón, se critica a los que están y se reclama por los que faltan en una lógica muy de Selección, que las chances perdidas por Palacio y el Pipita en la final se sueñen goles en los pies de Carlitos. El Apache tiene hinchada propia por su origen en uno de los grandes, por su simpatía, por la fascinación que genera la parábola del chico de Fuerte Apache que alcanza la gloria y los millones. Su entrega en la cancha, su jerarquía y su gran momento en la Juve se suman a un cóctel explosivo que vuelve a vestirlo de Celeste y Blanco. En sus pies estará la chance de escribir el final soñada de su película, levantar un trofeo más en su increíble carrera y hacer honor a ese apodo que le da un respaldo que apenas Mascherano puede sentir indiscutiblemente propio.