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La Mañana

Todos bajo sospecha

¿Usted pondría las manos en el fuego por mi verdad en esta columna? Quizá sí, pero intuyo que no. Y aunque no lo crea, si es así, me entusiasma. Le cuento más. Poner a todos bajo un manto de sospecha ha sido una habilidad del Gobierno, un modo que algunos ponderan y otros detestan. La gestión del kirchnerismo jamás anduvo con vueltas, ni admitió miradas a mitad de camino, a la hora de enfrentar su mandato. Para Néstor Kirchner, primero, y Cristina Fernández, después, el desarrollo de algunas políticas de Estado no ha sido posible sin colisionar con el interés de otros factores de poder. Quizá por eso, su obsesión por el humor social a partir de la influencia de los medios. 
La misteriosa muerte del fiscal Alberto Nisman ha regado un campo minado, en el que la especulación política, la mentira intencional y la desinformación crecen como en tierra fértil. Buena parte de la sociedad ya ha juzgado y no le importa nada más. Si le gusta el Gobierno, considera la denuncia contra la Presidenta y varios de sus funcionarios como parte de la acción maliciosa de opositores, del Grupo Clarín, de la corporación judicial, de los fondos buitre y vaya a saber de quién más… A los que no les agrada el Gobierno, no les importa no haber visto una sola prueba contundente; ellos ya condenaron. 
Un fiscal acaba de imputar a Cristina para avanzar en la causa por presunto encubrimiento del atentado a la AMIA. Algunos ya no creen en Cristina, otros dudan del fiscal, muchos están seguros de que nuestra mirada periodística está viciada de intencionalidad. Por eso, la Argentina enfrenta un tiempo complejo en que la verdad es más relativa que nunca…