El MPN, esa gran familia con sus crisis cíclicas, con sus trapitos al sol muchas veces mal ventilados, con sus asperezas mediáticas, se toma el trabajo de endulzar un poco las formas entre tanta rispidez. Así, dicen, se afianza cierto buen diálogo entre Sapag, Pereyra y Sobisch. Algo que, en rigor, no había dejado de suceder nunca. Pero ahora ocurre en mejores términos, con las cartas bastante echadas sobre la mesa tras la interna. Es que, antes que muchos, los tres observaron la gran oportunidad en ciernes para el partido provincial: en un rincón, la importante movilización de la que dio muestras en agosto con un 40% del padrón votando en su elección, y en el otro, ese signo de interrogación que significa la oposición, a excepción de Horacio Quiroga y Ramón Rioseco. En este contexto, el MPN parece hoy más preocupado por curar alguna herida menor y cerrar filas nuevamente. Buscará construir algunos consensos, algo que -claro- no implica bajar ninguna candidatura del todo sino establecer algunos parámetros para un año próximo que será netamente electoral. A este escenario también contribuirá que el conflicto petrolero sea casi parte del pasado. Con muchos con aspiraciones para disputar la Gobernación, Pereyra volvió confirmar su candidatura, luego de las dudas que habían sembrado unas declaraciones suyas. “Voy a ser candidato”, le dijo a LM Neuquén ayer. Pero al mismo tiempo promovió en su sector la construcción junto a las otras dos líneas preponderantes: la azul, del gobernador, y la blanca, de Sobisch. Después, dijo, se verá si hay consenso o una interna, a la que, según dice él, no le teme. De esto se trata: trazos más, trazos menos, el pragmático operativo “todos unidos triunfaremos”.

