Tragedia y odio en EE.UU.

La masacre en un bar de Orlando (Estados Unidos) que dejó como saldo 50 muertos y 53 personas heridas volvió a motivar la indignación de la población en general, teniendo en cuenta que la noticia recorrió el mundo. La tragedia, a diferencia de las que suelen suceder cada año en escuelas de ese país, encerró un odio evidente hacia el colectivo LGTBI, dado que fue perpetrado en un lugar frecuentado mayormente por gays y que el autor, de acuerdo con las palabras de su padre, odiaba a las personas con esa orientación sexual.

Al mismo tiempo, vuelve a poner en escena la vulnerabilidad del país que se presenta como el más seguro del planeta, si se considera que el hecho fue un atentado terrorista ya que se lo adjudicó el grupo Estado Islámico. El propio EI, a través de la agencia de noticias Amaq, vinculada a los yihadistas, se adjudicó la tragedia que fue materializada por Omar Mateen, de 29 años, nacido en Nueva York y de padres afganos. El presidente Barack Obama calificó al ataque, el más violento de este tipo en EE.UU., como un "acto de terrorismo y odio".

La masacre encerró un odio hacia el colectivo LGBTI, dado que el bar era frecuentado mayormente por gays.

En medio de la complejidad del tema, hay un dato que deja al descubierto la hipocresía del país de la "libertad". Y es la facilidad que tienen las personas para adquirir un arma reglamentaria. Hay que tener en cuenta que las armas que utilizó Mateen fueron adquiridas legalmente.

Un fusil de asalto y una pistola fue lo que utilizó para abrir fuego de manera indiscriminada hasta ser abatido por la Policía. En las próximas horas se volverán a escuchar interminables debates sobre la tenencia de armas en ese país. Sin embargo, serán palabras vanas para las familias de las víctimas en Orlando.

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