TV: política vs. entretenimiento

Hace muchos años, en una galaxia no muy lejana, los domingos a la noche de la TV eran patrimonio exclusivo del fútbol. Los programas políticos se habían convertido en una especie en extinción, con el pueblo cansado de escuchar a su clase dirigente, y el rating se había volcado decididamente a ver a 22 muchachos corriendo detrás de una pelota en ese deporte que despertaba pasiones en multitudes, aunque Jorge Luis Borges y algunos más nunca alcanzaron a comprenderlo. Todo empezó a cambiar cuando Jorge Lanata y su show periodístico comenzaron a recoger en rating los frutos del descontento de buena parte de los argentinos, de aquellos que estaban del lado opuesto a los K, separados por la famosa grieta. Esa división comenzó a darle buenos dividendos a la TV, y los programas políticos volvieron a ganar terreno. Antes, con Cristina presidenta, y ahora, con Macri al mando.

La división política les dio en los últimos años buenos dividendos a los programas políticos.

Anoche, con el fútbol en etapa de descanso después del golpe de la Copa América, la batalla por el rating tuvo como vedettes a tres ciclos políticos: el de Lanata, que regresaba luego de unos meses sabáticos, el de Luis Majul, remando de atrás, y el de Roberto Navarro, que consiguió una nota telefónica con Cristina que hizo trepar su audiencia a números poco habituales en un canal de cable.

Claro que esta vez, sin Boca ni River en la pantalla, fue una diva la que les sacó el primer lugar. Lejos de los temas urticantes, de la novela de José López, del desfile de la familia Báez por tribunales o de los Panama Papers, la reina de la televisión copó la noche del domingo y volvió a plantear una incógnita: ¿la gente busca en la TV un pasatiempo o que la hagan pensar?

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