Es difícil dimensionar ahora, tras una nueva larga espera de la Conmebol, tal cual le ocurrió ese jueves por la noche lleno de dudas, un castigo que suena fuerte para los hinchas propios (sin Copa y sin ver a su equipo en el futuro cercano) y leve para el resto, después de las especulaciones de sanción ejemplar y del pedido de mano dura de la FIFA. Desde hace años, muchos pedimos una decisión contundente, una señal, un golpe que genere un cambio para que siga existiendo eso que tanto nos apasiona. ¿Alcanzará con esta sanción? Ésa es la historia que empieza ahora. A la que debemos contribuir todos los que amamos el fútbol con o sin sus miserias, pero que soñamos verlas reducidas a su mínima expresión. Fueron un puñado de delincuentes los que arruinaron la fiesta y mancharon a Boca. Pero el fútbol, muchas veces reflejo de la sociedad, con sus propias bestias creadas y alimentadas por sectores varios, hace rato que está enfermo y nadie se hace cargo de empezar a curarlo. Cuando los responsables somos todos (o casi), por acción u omisión, termina no siendo nadie. Por eso la solución que soñamos, la que debería empezar a encontrarse desde hoy mismo, asoma complicada. Hubo, desde que en los ‘80 los barras se hicieron tristemente célebres y dueños de un negocio millonario, agresiones, muertes y suspensiones para todos los gustos. Y ellos son cada día más dueños de la pelota, con el as en la manga de la extorsión, capaces de echar a perder un campeonato en un segundo. ¿Podrá Boca deshacerse de ellos para no repetir lo del jueves?, ¿verán los clubes un espejo temible y se generará un efecto dominó que los saque de las canchas?, ¿se pondrán las pilas los encargados de la seguridad, la política, la Justicia y los que rayen? Hasta aquí, nada sirvió. Ojalá el sacudón que le dieron a Angelici despierte a todos, porque ya perdimos demasiado tiempo.


