Un desvelo llamado gas

Por estas horas el gobierno provincial atraviesa una zona de tensiones. En algún punto, tal como fue aplicado, el incremento de la tarifa del gas tuvo que ver con un pedido neuquino. Lo define una de esas frases extrañas de la jerga petrolera: el gas en boca de pozo. Es decir: el valor al que pueden vender las petroleras el fluido que extraen en los pozos de perforación. El caso es que había un reclamo de la provincia, de larga data, que se concretó ahora y ese valor terminó duplicándose. De este modo, los ingresos por regalías se incrementarían y al mismo tiempo, sería un negocio más tentador para las empresas, algo con incidencia directa en la generación de empleo. Esto en el plano ideal. Sin embargo, a su vez, esa suba se terminó trasladando a las tarifas. Y es parte sustancial del freno impuesto por la Corte Suprema de Justicia de la Nación: cerca del 70% de lo que pagan los usuarios se desprende del precio en boca de pozo. La Justicia determinó que ese precio es uno de los factores a tener en cuenta en las audiencias públicas. Para la Provincia supone un doble frente de preocupaciones. En medio de la crisis petrolera, recibió la promesa de Nación de que el precio sostén del petróleo se mantendrá: se trata del subsidio por el cual el valor interno está unos 20 dólares por encima del precio internacional, y con eso Neuquén puede obtener más regalías. No está claro por cuánto sucederá. Ahora suma otro frente de preocupación: en el gobierno nacional algunos analizan como una posibilidad disminuir el impacto del precio en boca de pozo para atenuar el impacto en la tarifa. Esto, también, implicaría una rebaja de lo que recaudaría Neuquén por el gas que aporta, que para 2016 estaba calculado en unos $5000 millones.

La provincia atraviesa un doble frente de problemas con el gas y el petróleo. Son cruciales en materia de recaudación.

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