Un furor de exportación

La atracción por las historias reales y por los criminales no es nueva. Desde Jack el Destripador (el primer asesino en serie famoso) hasta hoy, el cine explotó muchas veces ese cóctel explosivo para llenar las salas y los bolsillos de los productores gracias al sabor especial que le da a una película la aclaración "basada en hechos reales" y a la carnada que ejercen los crímenes en cadena. ¿Cuál fue la diferencia esta vez? Que por primera vez el boom nació en Argentina para luego exportarlo al mundo.
Aquellos que en estos días se aterrorizan ganados por el miedo a volver a los 90, no repararon en que en este 2015 ya hubo un revival a épocas oscuras de nuestro país gracias a la pucciomanía, desatada por una película y una serie que recuperaron luego de 30 años una historia siempre presente pero en la que nunca se habían detenido los directores para transformarla en una pieza artística y en un gran éxito comercial.

La historia de los Puccio generó un boom en Argentina que ahora se replicará en todo el mundo.

El clan, con Francella estrenándose en el rol de villano y un Peter Lanzani que sorprendió a todos, rompió la taquilla en el cine, ganó premios en festivales varios y está siendo vendida a países de todos los continentes. Historia de un clan, su versión en formato televisivo, con más morbo, sexo y piel desnuda y la misma impronta de esa familia en apariencia muy normal pero que esconde una realidad macabra, potenció el interés en una historia que fue seguida con atracción y espanto por millones en Argentina, y que ahora se replicará en todo el mundo. Aún con el éxito de la película fronteras afuera en veremos, la pucciomanía ya sirvió para demostrar que las zonas más oscuras de nuestra sociedad generan atracción, y que el cine nacional puede ofrecer piezas tan requeridas en el exterior como un buen asado.

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