Un grito desesperado que no se escucha

El 3 de junio pasado, millones de personas levantaron la consigna "Ni una menos" y coparon las plazas de todas las ciudades del país con el mismo pedido.

Cinco meses pasaron de esa multitudinaria manifestación, que reclamaba a gritos en las calles por las cientos de mujeres que morían en el año a manos de sus parejas o ex. Sin embargo, poco cambió desde ese momento.

Desde junio hasta hoy hubo en el país 87 femicidios, tres de ellos en Neuquén: Noemí Maliqueo, Lorena Díaz y Gladys Hernández. Otras tres chicas casi pierden la vida; una obligada a jugar a la ruleta rusa por su novio y otras dos brutalmente golpeadas bajo amenaza de muerte.

Desde ese popular "Ni una menos", el 0800-mujer del Municipio neuquino recibió 818 llamados por casos de maltrato.

A pesar de esto, en Neuquén ni el Estado provincial ni el local aún cuentan con refugios que permitan a las víctimas salir de las casas en las que sufren constantes golpes y abusos.

Con niños en el medio, a muchas mujeres no les queda otra opción que vivir bajo el mismo techo que su maltratador

El gobierno provincial promulgó la ley de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, seis años después de que se aprobara a nivel nacional.

Si bien las normas no son suficientes para terminar con la violencia de género, los cambios no son visibles a corto plazo si todavía ninguna de las dos iniciativas destinó un presupuesto para su funcionamiento o mientras no existan organismos estatales que elaboren estadísticas. La emergencia nacional fue el pedido desesperado de las masivas movilizaciones de ayer, porque en Argentina las cifras de las ONG hablan por sí solas y a las mujeres las siguen matando, mientras las políticas públicas no salen de los escritorios.

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