Jorge Sapag rompió ayer con el misterio y adelantó algunos días el escenario electoral que había fijado públicamente el año pasado. En la Casa de Gobierno dicen que eligió el 26 de abril para evitar el efecto de los dos feriados de mayo (el 1 y el 25). Así, el objetivo sería contrarrestar la “dispersión” que sigue a los fines de semana largos. Una lectura invita a pensar en la decisión de un demócrata que asegura un margen mayor de participación ciudadana. Hilando algo más fino, se puede pensar en un mensaje a la propia tropa del tipo “que estén todos los que tienen que estar”. El adelantamiento de la fecha hace, también, algo de daño. Si en mayo, con la oposición recién armándose ahora, los tiempos le jugaban a favor a Sapag, en abril ese escenario tiende a mejorar. Dentro de la oposición con aspiraciones, acaso el que se lleve la peor parte sea Horacio Quiroga: todavía sin candidato a vice, debe apurar su articulado de postulantes a intendentes en el interior, como él mismo lo señaló ayer. El kirchnerismo, a priori, tiene sus candidaturas resueltas o en vías de resolución. Para Sapag (es decir, para Omar Gutiérrez), también se trata de aprovechar el viento de cola. El MPN hace casi un año que está de campaña tras sus dos elecciones del 2014, la interna partidaria de agosto y la elección de sus candidatos provinciales de noviembre, donde votaron 125.000 afiliados e independientes. En ese mismo comicio definió a todos sus diputados y a casi todos sus aspirantes a intendente, que serán vitales para traccionar en las elecciones de abril. Está claro que en un escenario de baja continua del barril del petróleo, acaso no como fin último de su decisión, Sapag también haya buscado evitarse un peor clima por el impacto en la economía provincial.


